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Hola soy Steve

  • Steve Brouggy
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Acerca de mí

Nací en la típica familia “nuclear” de los años sesenta, con una madre y un padre, un hermano y una hermana, y viví en una feliz inocencia hasta aproximadamente los 10 años. Por motivos que desconocía en ese momento, mi padre se suicidó justo antes de que yo cumpliera los 11 años y dejó a mi madre con 3 niños pequeños, un futuro incierto y el corazón destrozado. Los siguientes 5 o 6 años fueron muy difíciles para toda mi familia y acabamos por seguir cada uno su camino, sin conservar apenas la amorosa relación que recordaba de mi niñez. Unos 2 años más tarde descubrí una pasión en la vida que llegaría a guiar mi futuro: las motocicletas. A los 12 meses de comprarme la primera motocicleta me encontré en una pista de carreras, para embarcarme en algo que esperaba que llegara a ser una profesión. Desafortunadamente, eso nunca ocurrió, así que adopté el viejo dicho de que “quienes no pueden, enseñan”, algo que me ha llevado por todo el mundo para enseñar, literalmente, a miles de pilotos cómo conducir de forma más rápida y segura. Aunque me considero un hombre extremadamente afortunado por poder trabajar en algo que me encanta, mi mayor gozo viene de mi familia. Tengo la bendición de haberme casado con mi mejor amiga y alma gemela, con quien he tenido 3 hijos maravillosos. Mis experiencias vitales me han demostrado que, independientemente de la situación en la que nazcas o en la que te encuentres al crecer, tienes el poder de cambiarlo todo. Si quieres conseguir algo en la vida, sólo tienes que decidirlo y hacerlo.

Por qué soy mormón(a)

Al igual que cualquier otra persona, supongo que mi educación y las experiencias de mi juventud me han enseñado muy buenas lecciones en la vida. Aunque no nací en la iglesia mormona, ni en ninguna otra creencia religiosa, por lo que puedo recordar siempre he sabido diferenciar muy bien entre lo que está bien de lo que está mal. Tras fracasar como corredor de motociclismo y en mi primer matrimonio, conocí a esta maravillosa, vivaz y divertida mujer, Karen, que había nacido en la Iglesia, pero no había estado activa durante la mayor parte de su vida. Tras unos meses, empezamos a experimentar sentimientos el uno por el otro y lo que había empezado como una amistad se convirtió en atracción y, finalmente, en amor. Aunque ninguno de los dos tenía la intención de establecer una relación duradera, cada vez nos sentíamos más cercanos. En esa época, Karen decidió que antes de poder comprometerse a una relación conmigo debía ser fiel a sí misma y entender realmente cuál era la dirección correcta que debía seguir en la vida. Al meditar, decidió que sí creía en Jesucristo y que, ante todo, debía seguir su propio camino. Y yo tenía que decidir si quería unirme a ella o no. Me sentí confundido y molesto. Aquí estaba esta persona, a quien había llegado a amar, que estaba recorriendo un camino muy distinto y que yo no entendía realmente. Mi única opción era entender hacia dónde se dirigía y, después, decidir por mí mismo si deseaba vivir así. Durante los siguientes meses de estudio, meditación, análisis y oración, llegué a mi propia conclusión sobre la veracidad del Evangelio. Desde entonces he podido disfrutar las bendiciones de vivir en armonía con las enseñanzas del Salvador. Aunque hemos tenido, y seguimos teniendo, muchos desafíos, sé que Jesucristo está ahí mismo, a mi lado. A pesar de que, a lo largo de los años, muchas personas han cuestionado la forma en que me uní a la Iglesia, me limito a recordarles que una verdad es una verdad, independientemente de cómo llegues a ella. Y no puedo negar la veracidad del Evangelio.

La manera en que vivo mi fe

He podido servir de muchas formas en la Iglesia. Mediante llamamientos diferentes, desde trabajar en Hombres Jóvenes, el programa misional, como maestro de Doctrina del Evangelio en la Escuela Dominical o líder de grupo de los sumos sacerdotes, y con los adultos solteros, he tenido la bendición de poder participar en muchas buenas obras en la Iglesia. Además de mi servicio en la Iglesia, siempre me esfuerzo por vivir de forma acorde con los principios del Evangelio. En mis muchas transacciones y como propietario de mi negocio, siempre intento hacerlo todo correctamente. Cuando todos los empleados, clientes, patrocinadores y aficionados saben que actúas con total honradez e integridad, se crean relaciones y niveles de confianza que pueden durar toda una vida. Además, intento ser un ejemplo y la voz de la razón para mis hijos. Espero que mediante el ejemplo de mi fe en Jesucristo pueda ayudarlos a encontrar su propio camino para vivir principios correctos en este mundo.