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Hola soy Rose Yvette

  • Rose Yvette
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Acerca de mí

Soy artista de profesión, pintora y confecciono imágenes; trabajo en mi estudio en casa, en Virginia, Estados Unidos, y principalmente utilizo el cuerpo humano como modelo. Me gradué en Historia del Arte y las Bellas Artes en 1990, además, enseño arte en mi estudio. Primordialmente, soy esposa y madre de cuatro hijos maravillosos, cuyas edades van desde los 19 hasta los 9 años. El mantener un equilibrio entre la familia y la parte creativa de mi vida es un proceso continuo, y es allí donde procuro la guía constante del Señor para organizar nuestras vidas tan atareadas, mantenernos cerca a lo que es más importante, lo cual es el bienestar físico y emocional de mi familia. Independientemente del éxito que logre en mi profesión, mis bendiciones más grandes provienen de las valiosas relaciones que existen dentro de mi familia. El ser madre es ciertamente la tarea más difícil que jamás he tenido que hacer, pero es la más gratificante en muchos aspectos, y me mantiene centrada; me brinda además mayor percepción como pintora, como nunca me lo había imaginado, ya que ahora pinto basándome en el filtro de mi experiencia como mujer y madre.

Por qué soy mormón(a)

Me uní a la Iglesia cuando tenía 19 años, después de haber tenido conocimiento en cuanto a ella durante la mayor parte de mi vida, ya que mi vecina y la familia de mi mejor amiga cuando yo era pequeña eran mormones. Desde que tenía 5 años de edad, pasaba la mayor parte de mi tiempo en su casa, y siempre sentía un espíritu especial allí. También sentía la forma en que se trataban en la familia, asistí a varias actividades de la Iglesia, conocí a muchos otros miembros de la Iglesia y siempre sentía ese mismo espíritu; ellos irradiaban algo, y eso era algo que yo deseaba tener; deseaba tener ese secreto a la felicidad. Sin embargo, desde que era niña, esas cosas permanecieron en mi mente. No fue sino hasta que era una mujer adulta de 18 años de edad, entre el primer y el segundo año de la universidad que, de pronto, todas esas cosas adquirieron mucha más importancia para mí. Después de estar lejos de casa asistiendo a la universidad durante un año, y encontrándome inconforme ante la superficialidad y la carencia de significado en un turbulento mundo de ideas y actividades, pensé que la vida consistía en algo más que una simple existencia cotidiana; sabía que tenía que encontrar a Dios; sabía que deseaba saber cuál iglesia era la verdadera; por tanto, investigué muchas religiones, pues no era activa en la que había nacido. Fue en ese momento que mi mejor amiga envió a los misioneros a mi puerta, lo cual podría haberme irritado si lo hubiera hecho en una época anterior, pero me encontraba en un punto de mi vida en el que andaba en busca de respuestas; deseaba saber por mí misma. El mensaje de los misioneros acerca del plan de felicidad de nuestro Padre Celestial me pareció conocido, como si hubiese sabido esas cosas previamente, pero necesitaba escucharlas; todo sonaba demasiado familiar; sabía que quería las cosas verdaderamente esenciales, no la felicidad efímera del mundo; deseaba la felicidad verdadera. El oír que Dios tiene un plan de felicidad me pareció verdadero; el saber que el Padre Celestial es un Padre amoroso y que soy Su hija, que Él envió a Su Hijo Jesucristo a expiar nuestros pecados y a resucitar debido a que Él nos ama, todo eso es para mí como oro valioso y, por alguna razón, de pronto adquirió significado en ese momento de mi vida. Al ir creciendo, vagamente sabía acerca de Dios y de Jesucristo, pero no los conocía. No sabía mucho en cuanto a los principios o la religión de mi niñez, pero el saber de pronto quiénes son Dios y Su Hijo, y el saber quién soy, fue como si se encendiera una luz. El saber en cuanto al plan de felicidad de un amoroso Padre Celestial fue como el fruto más dulce que jamás había probado; tengo un propósito, mi vida tiene dirección, y todas las relaciones y las familias tienen un significado; deseaba tener ese amor en mis relaciones familiares. Incluso el saber que José Smith fue el instrumento para iniciar la restauración de la Iglesia del Señor me pareció lógico; él fue el primer profeta de esta dispensación de los últimos días, y Jesucristo tenía que restaurar por medio de él el poder del sacerdocio, con todas sus llaves. El hecho de que es Jesucristo, y no José Smith, quien dirige esta Iglesia, suena cierto; Sus apóstoles y profetas acuden a Él y a Su espíritu para recibir guía directa. No es una iglesia hecha por el hombre. Más aún, debido a que también aprendí de los misioneros que podría preguntarle a Dios mismo si todas esas cosas eran verdaderas y que podía recibir esa respuesta yo misma fue lo que marcó la diferencia; eso también me pareció verdadero y la característica de una religión verdadera; no tenía que aceptar simplemente la palabra de ellos; podía preguntar yo misma a Dios tras mucho estudio, investigación y oración. Y sentía lo mismo cuando aprendía de los misioneros, ese mismo sentimiento que tuve cuando era pequeña con la familia de mi mejor amiga, ese algo especial, ese espíritu, sentí esa calidez en el pecho, y supe que todas esas cosas eran verdaderas; y recibí la respuesta de que, de hecho, son verdaderas. Veintitrés años después de haber sido bautizada miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, nunca he mirado hacia atrás, sino hacia adelante únicamente. Nunca podré enumerar todas las bendiciones que he recibido; el Evangelio me ha bendecido con una vida rica y plena en la que puedo ver la mano de Dios en mi vida al acudir a Él en oración y estudiar las Escrituras todos los días. Mi esposo y yo nos casamos hace 20 años en el Templo de Washington, D.C., Estados Unidos. El contar con el Evangelio para criar 4 hijos es una bendición inconmensurable, pues sé que no se ha dispuesto que hagamos las cosas solos; podemos pedir la guía de Dios y seguir el sendero perfecto que conduce a Jesucristo. Si cometemos errores a diario, siempre podemos arrepentirnos con sinceridad y mantenernos cerca de Él. Sé que ese conocimiento florece en mis hijos, que ellos también tienen testimonios del Salvador y de la plenitud del Evangelio, los cuales van creciendo, y es un gozo invaluable, ya que sé que será un ancla para sus vidas, que no importa las tormentas que los rodeen, ellos saben a qué fuente deben acudir para superar cualquier dificultad. Al contemplar mis primeros años de adolescencia en los que crecí sin el conocimiento de la plenitud del Evangelio, con la constante añoranza de satisfacer esa necesidad, y los comparo con la vida de mis hijos adolescentes que están tomando buenas decisiones en la vida, poniendo en práctica las enseñanzas del Evangelio y recibiendo todas las bendiciones, tengo una clara evidencia de que el Evangelio es verdadero; veo que están llegando a ser personas maravillosamente equilibradas, centradas, capaces y felices, y todo como resultado directo del vivir el Evangelio; se concentran más en lo que es importante en la vida. Veo también que están desarrollando corazones amables y amorosos, y que constantemente tienen oportunidades para dejar de lado el egoísmo y ayudar a los demás; están desarrollando personalidades de integridad y virtud, y me siento orgullosa de ellos. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la verdadera iglesia restaurada del Señor. Estoy muy agradecida por el conocimiento de que el sacerdocio se ha restaurado y que las ventanas de los cielos están abiertas. A lo largo de mi vida he visto muchos milagros, grandes y pequeños, los cuales muchas veces son testimonios privados del Espíritu de que esto es verdadero; he visto también muchos milagros al trabajar en la organización de la Iglesia prestando servicio en muchos puestos de liderazgo y en labores más discretas. He visto que los líderes aman a los miembros y se preocupan por ellos, y que el Señor los ayuda a medida que procuran tener la guía de Jesucristo mediante el Espíritu Santo; siempre los veo prestar servicio con la disposición de decir: “Señor, ¿qué quieres que haga?, no se haga mi voluntad sino la Tuya”. He visto a personas comunes y corrientes hacer cosas extraordinarias. Además, veo que la Iglesia es verdadera a causa de ese amor puro de Cristo y esa bondad que siento no sólo en la Iglesia, es una verdadera amistad dentro de mi congregación, no importa dónde hayamos vivido. Creemos que ésta es la Iglesia verdadera del Señor ya que Él la establecería donde cada miembro tenga la oportunidad de ayudar y velar los unos por los otros, donde muchos actos invisibles de bondad ocurren cada día, donde se proporciona ayuda cuando surge una necesidad y no se pasa a nadie por alto. Las vidas de las familias de nuestra congregación están íntimamente unidas: aprendemos unos de otros, nos ayudamos mutuamente, criamos juntos a los hijos, reímos y lloramos juntos, y somos una bendición los unos para los otros. Éstas son también relaciones que perduran y son de valor, y así es como se ha diseñado Sión. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la verdadera organización del Señor. Soy mormona porque sé, con todo mi ser, que el Evangelio es verdadero y que tiene como fin conducirnos a la verdadera felicidad: tener vidas productivas en esta tierra, tener relaciones plenas y provechosas, sentir ese amor puro de Cristo en dichas relaciones, y también poder cultivar y aplicar esta preciada virtud de prestarnos servicio mutuamente y procurar centrarnos en los demás. Debemos guiarnos mutuamente hacia el cielo al ayudarnos y tener a nuestras familias con nosotros. Sé que Dios es real, que contesta mis oraciones y que el modelo perfecto para la felicidad es seguir el modelo del Señor, sí, a Jesucristo, en bondad y en hechos, y éste es mi testimonio, en el nombre de Jesucristo, el Salvador del mundo. Amén.

Historias personales

¿Qué está haciendo para ayudar a fortalecer a su familia y hacer que tenga éxito?

A pesar de que tenía la tentación de permitir que mi carrera artística me consumiera, tomé la decisión, junto con mi esposo, de quedarme en casa a cuidar a mi familia; estoy segura de que esa decisión decepcionó a algunos de mis profesores que tenían grandes esperanzas de que tuviese una exitosa y activa carrera después de graduarme; no obstante, tomamos esa decisión porque estábamos en una posición en que podríamos lograr esa meta, y nunca criticaríamos a ninguna madre que tuviera un empleo ni a ninguna madre que estuviera sola y tuviera que trabajar fuera de la casa; esa decisión encajaba en nuestras circunstancias familiares. Decidí aplazar la carrera de arte hasta que los hijos fueran mayores, o mantener mi producción al mínimo, especialmente cuando eran muy pequeños. Después de 19 años de criar a los niños, estoy agradecida por esa decisión, no sólo porque he estado presente durante todos los momentos, buenos y malos, maravillosos y desafiantes, pero una vez que esos años se van, no se pueden recuperar; esos 19 años han pasado rápidamente, y nunca lamentaré el haber decidido permanecer en casa con mis hijos; nunca me sentí obligada a hacerlo, sino que fue mi decisión. Aunque el mundo desapruebe esa decisión y tenga menos respeto por mi intelecto, parece ser irrelevante cuando uno considera que de todas maneras el ser madre no tiene que ver con el “yo”; tiene que ver con “ellos” y con nutrir sus pequeños corazones y mentes para que sean personas autosuficientes, sensatas, capaces y consideradas, personas con integridad y personalidad y, más que nada, hijos que siempre se sientan queridos, confiados en el conocimiento de quiénes son, hijos de Dios, con un conocimiento de la plenitud del evangelio de Jesucristo. En especial ahora que 3 de nuestros 4 hijos son adolescentes, veo cómo esa decisión de quedarme en casa a criar a mis hijos los ha beneficiado totalmente a ellos y a mí; nuestras relaciones son estrechas y fuertes, y he visto la clase de personas que están llegando a ser; no sólo son chicos de buen carácter con normas elevadas y con sentido de responsabilidad, sino que están llegando a la edad suficiente para ser también mis buenos amigos. A final de cuentas, la plenitud del Evangelio tiene como fin ayudar a las familias a crear lazos de verdadero significado, donde el amor no tiene límites, incluso cuando surgen momentos difíciles; se nos aconseja orar juntos, orar los unos por los otros, ayudar y prestar servicio unos a otros y a amar incondicionalmente. A diferencia de otras circunstancias, los padres tenemos derecho a recibir respuestas a nuestras oraciones en cuanto a la responsabilidad tan sagrada que tenemos para con nuestros hijos. En el proceso de la paternidad y la maternidad se nos aconseja incluir a nuestro Padre Celestial, lo cual es un enorme consuelo. Como madre, he recibido muchas respuestas a las oraciones en cuanto a mis hijos y sus necesidades espirituales, incluso el saber cuándo un hijo podría estar en peligro espiritual. Estoy muy agradecida por el poder de la oración; significa que Dios es real y que la plenitud del Evangelio en estos últimos días es verdadera; en los detalles pequeños y sutiles de mi vida puedo ver la mano protectora del Señor todos los días y consultar a mi Padre Celestial en cuanto a la mejor manera de utilizar mi tiempo y prestar servicio a mi familia. La oración también me ayuda a superar los momentos frustrantes, ya que la naturaleza de la vida familiar muchas veces implica frustración y dificultad, y a veces una batalla de opiniones. El basar la manera de criar a los hijos en el amor de Jesucristo siempre me permite pensar en mis hijos como hijos de Dios. El reflexionar y hacer una oración durante esos momentos de frustración me ayuda a aclarar la mente y decir: “¿Cómo resolvería el Salvador esta situación?”, o el decir “por favor, dame fortaleza” me impide perder la paciencia y me ayuda a hacer frente a esas situaciones de manera más sensata y a mantener la dignidad de todos. A la larga, el llevar a la práctica todos los días el principio de la oración y del estudio de las Escrituras, buscar la ayuda celestial en las actividades cotidianas mediante la oración tanto individual como familiar, crear tiempo provechoso para pasarlo juntos, lo que muchas veces resulta en momentos espontáneos, son los medios que el Padre Celestial ha dispuesto para fortalecer a las familias.

La manera en que vivo mi fe

Actualmente presto servicio como líder de la guardería y trabajo con niños de los 18 meses hasta los 3 años de edad, y además integro el comité de planeamiento para la conferencia anual de la juventud, lo cual he hecho durante muchos años. Con el correr de los años he prestado servicio como líder en la organización de los jóvenes de la Iglesia, así como en la organización para las mujeres y en la organización para los niños; también he prestado servicio como organista, pianista y directora de música en el barrio, y con frecuencia participo en el coro.