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Hola soy Rochelle

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Acerca de mí

¡Me quedo en casa con mis cuatro maravillosos hijos! Tengo dos niñas y dos niños. Mis dos niños tienen discapacidades. Siempre estoy en movimiento. Supongo que es la típica vida de una madre y, ¡me fascina! Crecí en Idaho y fui a la universidad en Utah, donde conocí a mi esposo. Después de graduarnos, nos casamos y nos mudamos a UNC Chapel Hill para cursar la maestría. Luego a Iowa, donde tuvimos a nuestro primer bebé. Ethan nació con parálisis cerebral. No nos enteramos hasta que tenía 6 meses que había tenido un derrame cerebral en el útero. Todo ello conllevaba problemas, como discapacidad mental y ataques. Siempre hemos sentido agradecimiento por nuestra fe en Dios, que nos ha ayudado a sobrellevar los desafíos de la vida. Hemos vivido en Texas por 13 años y, ¡nos encanta! Nuestras dos niñas nacieron aquí y en 2006 adoptamos a Derick. Él tiene síndrome de Down, no habla y está tratando de dejar los pañales, así que en nuestra casa es hay mucho trabajo. Los varones tienen la misma edad y el mismo nivel en la escuela y tienen maestros maravillosos. Cuando tengo tiempo libre, me gusta leer. También me fascina viajar. Durante la semana, trabajo de voluntaria en la escuela de los niños. Soy ayudante en las clases de mis niñas. En los últimos dos años, la historia familiar se ha convertido en una nueva pasión para mí. También trabajo de voluntaria en el hospital infantil local. Me gusta decorar la casa, coser y trabajar en el jardín. Mis rosas me sacan más energía de la que merecen.

Por qué soy mormón(a)

Mi familia fue una de las primeras a la que tildaron de “mormona”, pero ello no me hace uno de ellos, mi fe en Jesucristo es la que me define como tal. Aunque nací de buenos padres que eran miembros de la Iglesia, tuve que decidir por mí misma si creía en lo que ellos me enseñaban. Tengo antepasados que estaban en la Iglesia antes de que se organizara. Uno de ellos hipotecó su granja para publicar el Libro de Mormón. Aunque mi padre se crió en una familia de mormones muy conocida, irónicamente no asistían a la Iglesia. A los 19 años, él tuvo que arrodillarse para saber la verdad. Primero preguntó si Dios era un ser real. Luego, preguntó si ésta era Su Iglesia. Me alegro de que lo haya hecho, porque se rompió el eslabón y dio un nuevo comienzo a nuestra familia. Aunque su familia tenía un profundo legado mormón, por generaciones los hombres sufrieron de alcoholismo, hasta el punto de destruir a muchos hombres y familias. Así que mi papá tuvo que aprender a ser padre por sí mismo. Por ser la mayor, como es de esperarse hubo muchos momentos tormentosos. A pesar de ello, mis padres se esforzaron por enseñarnos a obtener nuestro propio conocimiento, fe y testimonio de Jesucristo. A muy temprana edad nos instaron a leer las Escrituras y a orar para buscar nuestras propias respuestas. Leí el Libro de Mormón por primera vez en el octavo grado. Al terminar, no sabía lo que se suponía que debía sentir. Creo que esperaba una gran explosión. Seguí tratando de hacer lo correcto y con los años, gracias a los programas de la Iglesia, tuve muchas oportunidades de sentir el Espíritu. Llegó el momento en que me pregunté: “¿Dónde encuentro mayor felicidad?”. Sabía que el obedecer a Dios me hacía feliz. Al ingresar a la universidad, tenía mucha fe en el evangelio de Jesucristo. Algunas personas me dicen: “Los dos lados de tu familia siempre han sido mormones (dado lo que sucedió). ¡Por supuesto que eres mormona!” Cada persona tiene que decidir sus propias creencias. Al pensar en mis antepasados me pregunto: ¿Por qué alguien estuvo dispuesto a perderlo todo para publicar un controversial libro? ¿Por qué otro de ellos dejó su acogedor hogar a la mitad del invierno a punta de pistola? ¿Por qué no abandonar su nueva religión y volver a gozar de las comodidades? Tuve que aprender por mí misma que lo que impulsó a esas personas fue el fuego de la fe que ardía en su corazón y que no podían negar. Yo ahora tengo esa misma fe. Mis padres y mis antepasados no me la dieron. Solamente me dieron los medios y yo tuve que obtenerla. Ahora es fuerte e innegable. Sé que el Libro de Mormón es verdadero y que testifica de Jesucristo. Sé que ésta es Su Iglesia. Esa fe me brinda la paz que motiva todas mis decisiones y que me brindan felicidad y gozo que no se pueden describir.

Historias personales

¿Cómo le ha ayudado el Espíritu Santo?

Todas las decisiones importantes de mi vida las he tomado luego de escuchar y seguir los susurros del Espíritu Santo. Su guía puede ser distinta para cada persona, y hasta en forma individual, puede variar desde sentirse bien sobre una decisión, o tener pensamientos, o tal vez, sentir un calor por dentro o hasta estar al borde de las lágrimas. De cualquier modo, siento confianza en las decisiones que tomo. Una de las decisiones más grandes fue la de adoptar a nuestro niño. En realidad no fue mi idea, sino algo que Dios me indicó hacer desde el principio (mediante sentimientos del Espíritu Santo). Tuve tres bebés por cesárea y perdí a otro bebé en el segundo trimestre, así que el doctor nos aconsejó que no tuviéramos más niños. Francamente, yo me sentía bien. Nuestro hijo mayor tenía discapacidades y con dos pequeñas niñas nuestra casa era una locura. Cuando nuestra hija menor tenía como un año, estaba en el gimnasio y vi algo en la televisión sobre niñas pequeñas de los orfanatos de China. Una suave voz me dijo: “Tú puedes hacerlo”. Vino así de repente. Sabía que el Espíritu nos decía que adoptáramos. Un año y medio después, mi esposo y yo íbamos hacia la casa de sus padres después de acampar toda la semana con mi familia. Nos encontrábamos disfrutando de nuestros seres queridos cuando mi esposo trajo el tema de la adopción, sabiendo que la familia es la esencia de la vida. Me di cuenta de que era el momento de actuar. Una cosa era pensar en grande, pero me atemorizaba poner esas ideas en práctica. ¡Me aterraba! Al llegar a casa en Texas, empecé a orar al respecto. Recibí una respuesta directa y específica, y no tenía ninguna duda en cuanto a lo que tenía que hacer. Tenía la cabeza llena de ideas que no eran mías. Se sentían como que fueran Escrituras. Me levanté con lágrimas cubriéndome el rostro. En ese momento, mi esposo y yo supimos que adoptaríamos a un niño con discapacidades. Específicamente, quería a un niño con síndrome de Down que tuviera la edad de nuestro hijo. Con nuestro hijo mayor ya sabíamos en lo que nos metíamos. Hay tantos niños con discapacidades para adoptar que necesitan amor y un hogar permanente. Cuatro años después, encontré a un niño por medio de un vínculo de adopción del sitio web de un restaurante. Era un mes menor que nuestro hijo mayor y tenía síndrome de Down. Lo primero que pensé fue: “Yo puedo amar a ese niño”. Mi esposo estaba en la sala de estar bailando con los niños. Imaginé al niño en medio de ellos. Le enseñé la página web a mi esposo y él sintió lo mismo. Tomó como ocho meses tenerlo en casa. Hubo muchos contratiempos con el proceso, pero sé que Dios preparó el camino para que nuestro hijo llegara a nuestro hogar. Él no habla ni sabe usar el baño, así que hay días muy difíciles. El saber que es lo que Dios quería para nuestra familia, hace que esos días se vuelvan más fáciles. Eso me da la confianza y el consuelo de saber que puedo hacerlo. Así es como obra el Espíritu en mí. El temor que tenía al principio del proceso desapareció cuando supe que era lo que Dios quería para mí. Al seguir el Espíritu Santo, he descubierto que el plan de Dios es mucho mejor de lo que yo pude haber planeado. Apenas veo el principio de las bendiciones que Él ha deparado para mí y mi familia. ¡Y continuarán hasta la eternidad!

¿Qué ha contribuido a generar mayor armonía en su hogar?

Tenemos cuatro niños, cada uno de los cuales aporta algo diferente. Ethan está llegando a la adolescencia y tiene discapacidad mental. Está progresando mucho pero con las hormonas naturales de su edad, en ocasiones es difícil enfrentar los arrebatos de agresividad. Por lo general, se porta mal en el transporte o al llegar a la escuela. Nos da mucho estrés y a veces se pone muy violento. Derick tiene la misma edad que Ethan y tiene algunos de los mismos problemas. Puede pasar de ser muy dulce al llanto y a golpear a los demás. Los niños con síndrome de Down tienden a ser muy obstinados. Hay días en que se requiere mucha paciencia y fuerza física. Una de mis niñas es idéntica a mí. Ella es la maldición de mi mamá. Tiene mal carácter y al mismo tiempo es chistosa y tiene mucha energía. Su hermana es todo lo contrario. También le sobra energía, pero es más calmada y constante. No obstante, está en la pre-adolescencia y tiene sus ratos de mal humor ya que está tratando de encontrar su identidad. Con esa combinación volátil, es todo un reto mantener la paz y la armonía en nuestro hogar. En realidad es mi principal meta de todos los días. No podría hacerlo si no tuviéramos las mismas metas y la ayuda de lo alto. Cada mañana oro y pido paciencia para enfrentar los desafíos. Nunca sé si las niñas se van a pelear o si los niños van a tener una rabieta en la escuela. No tengo control sobre ello. Dado que me gusta estar en control, se me ha hecho difícil, pero, ¡es la realidad! No obstante, puedo ser la que mantiene la calma en medio de las tormentas. Las niñas siempre oran por la mañana antes de la escuela y creo que eso les ayuda a recordar que tienen que portarse bien cada día. Leemos las Escrituras y oramos en familia cada noche. Nuestra constancia en ello ha ayudado a nuestra familia. Aunque estemos cansados y de mal humor, lo hacemos. Algunas noches, las niñas hacen preguntas y tenemos conversaciones profundas y hermosos momentos de aprendizaje. Han aprendido a sentir reverencia y amor por las Escrituras. También les hemos ayudado a memorizar varios versículos en los últimos dos años. Es genial porque si empiezan a pelearse, les pido que reciten un versículo de las Escrituras que habla del amor y la armonía. ¡Soy de ese tipo de mamás! En realidad, todos tenemos una vida ajetreada. No es fácil criar hijos, sin que te importe cómo sean ellos. La Iglesia nos ha dado una guía que nos ayuda. No significa que los desafíos desaparecen. Ethan no se porta bien por arte de magia, pero puedo orar y recibir grandes dosis de paz. Estamos tratando de enseñar a nuestros hijos y de ayudarles a que sean adultos con éxito. La oración y las Escrituras nos dan los medios que necesitamos. En general, hay mucho amor en nuestro hogar y proviene del amor que todos sentimos por Dios. Lo invocamos y hemos sentido Su ayuda en muchas ocasiones.

La manera en que vivo mi fe

Mi religión se refleja en todos los aspectos de mi vida. Me ha moldeado de formas que no puedo explicar. Espero que me haya hecho ser más paciente y más amorosa. Trato de poner mi vida al servicio de los demás. Es lo que me brinda el mayor gozo. Claro que ser madre de cuatro niños, sobre todo de los que tienen necesidades especiales, requiere de mucho servicio. Las organizaciones de la Iglesia me dan muchas oportunidades de servir. He pasado muchos años al servicio de los adolescentes de nuestra congregación. ¡Me encanta! Enseño la clase de estudio de la Biblia temprano por la mañana a jovencitos de la Iglesia. Disfruto de aprender juntos del Antiguo Testamento y de tratar de estar alerta a las 6:00 de la mañana. Mi fe guía mis decisiones diarias. Influye en mi trato a los demás y en la forma en que veo a mis hijos y llevo mi matrimonio. ¡El compartir nuestro amor por el evangelio de Jesucristo brinda sentimientos profundos a nuestro matrimonio! Aprecio tener a un esposo que se esfuerza por ser bueno. Me inspira a tratar de ser mejor. Nuestra religión causa que todos en nuestro hogar sintamos más respeto y compasión. Tenemos desafíos como todas las familias. Nuestras niñas se pelean y a veces es difícil con los varones, pero sabemos que Dios tiene un plan para nosotros y eso nos ayuda a ser más pacientes. Creemos que las relaciones familiares no son sólo por esta vida, sino que continuarán al dejar la tierra. Eso nos brinda un propósito. Nuestra religión nos ayuda a saber quiénes somos y hacia dónde vamos. Los pequeños desacuerdos toman otra perspectiva con esa visión.