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Hola soy Fernando García

Acerca de mí

Nací y crecí en Mexicali, una ciudad al norte de México, cerca de los Estados Unidos. Fui educado en el seno de una familia cristiana que se unió a la iglesia hace más de cuarenta años. Aquí estudié y aquí ejerzo la mayor parte de mis actividades profesionales. Tengo una familia por lo que soy esposo y padre. Disfruto de las múltiples oportunidades de servir en la Iglesia y valoro el ser digno de la confianza de mi Padre Celestial al poder servir a sus hijos.

Por qué soy mormón(a)

Si bien he crecido en el seno de una familia que se unió a la Iglesia hace muchos años, mi camino hacia la conversión al evangelio de Jesucristo no ha sido fácil. Como todos, he crecido en medio de mucha dificultad y he sido víctima de los embates del enemigo, pero la verdadera fortaleza espiritual consiste en capitalizar toda la experiencia vivida durante las vicisitudes y gozarnos de los grandes milagros que el Señor siempre deja ver para aliviar nuestras penas y nuestros problemas. La fe y la oración son en mi opinión personal, la fórmula más poderosa con la que contamos, son en combinación la llave que abre las ventanas de los cielos y definitivamente, son el motivo que precede al milagro de aquello que se desea. Vivir por fe es la enseñanza básica del evangelio de Jesucristo. No hay nada que no pueda ser hecho a través de una fe cierta, práctica y genuina. Jesucristo mismo lo enseñó... "si tuvieses fe como un grano de mostaza", creo que esa es la razón por la que aún estoy dentro de la Iglesia, porque sé que aunque no puedo verles, mi Padre y Jesucristo están allí, a la expectativa de que yo esté bien. Lo sé y sé que me aman. No hay otra explicación a tantas bendiciones.

La manera en que vivo mi fe

He formado parte activa de la Iglesia desde siempre, he desempeñado diferentes asignaciones y en cada una de ellas he aprendido que "el valor de las almas es grande a la vista de Cristo". El Señor no mira a las personas como nosotros solemos mirarlas a veces, El mira el gran potencial que como hijos de Dios poseemos. Como miembro de una Iglesia que privilegia la unidad familiar por sobre todas las cosas, he aprendido que el permanecer junto a mi familia y las personas que amo, es la clave para la felicidad constante. También he aprendido que el servicio en la Iglesia nos vuelve mejores personas y nos hace más parecidos al Salvador. No importa sí nuestra responsabilidad es pequeña como atender la puerta durante las reuniones dominicales o si implica un alto grado de compromiso en algún cargo de liderazgo en la Iglesia. El servir siempre será una maravillosa oportunidad de ser instrumentos en las manos del Señor para bendecir la vida de los demás.