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Gregorio Billikopf Encina: hebreo, escrituras, Chile, adiestramiento, Israel, fútbol, Mormón.

Hola soy Gregorio Billikopf Encina

Acerca de mí

Nací en Santiago, Chile. Pasé una gran parte de mi juventud en el viñedo de mis padres en San Javier. Ahí desarrollé un amor por los caballos, la agricultura y un interés en la administración laboral. Estudié en la Universidad de California. Me uní a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días a los 19. Conocí a mi esposa en la Universidad. Nos casamos en el Templo de Oakland en 1976. Trabajé como asesor agrícola en administración laboral para la Universidad de California. Me especialicé en aumentar la productividad de los trabajadores, en mejorar las relaciones interpersonales y en el manejo de conflictos. Obtuve el título honorario de profesor visitante de la Universidad de Chile. Me fascina mi trabajo y estoy muy agradecido por mi vida laboral. También he sido un profesor de adiestramiento de equitación, un radio aficionado y un árbitro de fútbol. Más recientemente mi amor por las escrituras ha ocupado la gran parte de mi tiempo libre. Mientras leía el Libro de Mormón sentí una gran motivación de volver a mis raíces judías y escudriñar el libro de Isaías y la biblia hebrea. De a poco estoy tratando de mejorar mi hebreo bíblico y moderno. Con mi esposa nos encanta viajar juntos. Vinimos a Chile para cada uno de mis tres sabáticos. Cumplí mi sueño de viajar a Israel en 2012. Mi anhelo de volver a la patria después de jubilarme también se ha hecho realidad.

Por qué soy mormón(a)

Mi padre es judío; mi madre católica. Poco antes de cumplir los dieciséis, un sacerdote de mi colegio en Santiago nos asignó una tarea singular: la de redactar un informe sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Los mormones estaban por comprar nuestro colegio. Para el informe utilicé las revistas que me obsequiaron en la casa de la misión. Estaba por arrojar el libro pero decidí abrirlo una vez más. En la anteportada leí un extracto de los escritos de un profeta de la antigüedad que vivía en las américas. Prometía a las personas que escudriñaran sus páginas con sinceridad, pidiéndole a Dios en el nombre de Cristo sobre la veracidad del mismo, que podrían saberlo por medio del poder del Espíritu Santo. Recibí una confirmación penetrante que este libro era sagrado. Pero pronto me encontré estudiando en la Universidad de California. Cuando estaba preparándome para viajar durante las vacaciones navideñas en 1973, llené mi maletín de mano con libros. De reojo vi el Libro de Mormón, el que parecía decirme, “¡Llévame!” Lo metí en mi maletín dudando que tuviera tiempo para leerlo. Una vez en el avión, cual sería mi sorpresa al sacar el Libro de Mormón del maletín. Sentí que el Espíritu me decía, “¡Léeme!” Leí por cuatro días hasta terminar. Sentí una gran transformación al leer. No sólo recibí una convicción profunda sobre la veracidad del libro, pero además sentí una invitación muy tierna y personal del Salvador que me instaba a seguirlo. Acepté el llamamiento con gozo y muy pronto fui bautizado. La próxima vez que volví a Chile, en la misma propiedad donde recibí la asignación de redactar el informe sobre los mormones, ahora se hallaba el Templo Santiago, Chile. Mi posesión más preciada es el conocimiento que Jesús es el Mesías que mis antepasados judíos han estado esperando; que Cristo ha restaurado su Iglesia otra vez sobre la tierra. Encontré a Cristo mientras leía el Libro de Mormón. Dios me encontró cuando no lo estaba buscando.

La manera en que vivo mi fe

Estoy tan agradecido por el testimonio que tengo de Jesucristo, de su Iglesia restaurada y saber que Dios contesta nuestras oraciones. Les cuento a mis amigos que los mormones somos muy románticos ya que, si realmente amamos a nuestro cónyuge, Dios puede bendecir nuestro matrimonio para que sea eterno. Después de mi amor por Dios, amo a mi esposa por sobre todas las cosas. No pienso que las lunas de miel tienen que terminar. Un atributo cristiano --lo llamo propósito genuino-- es intentar continuamente el ser la persona que todavía no somos, pero que esperamos llegar a ser algún día; el seguir tratando de vivir una vida recta a pesar de nuestras imperfecciones. La fe en Cristo fortalece mi determinación a perseguir el propósito genuino. El evangelio de Jesucristo me ha traído un gozo sin igual. Me encanta compartirlo con todo el mundo. Un programa de la Iglesia por el cual he sentido mucha afinidad es la orientación familiar. Se nos asignan familias por las cuales debemos velar y fortalecer. También me fascinan los misioneros, salir con ellos, y llegar a conocer y compartir con personas que no son de nuestra fe. Tengo un gran amor por las escrituras y he disfrutado de aquellos llamamientos que me han permitido difundirlas. Estoy agradecido por las oportunidades que he tenido de dictar seminarios sobre cómo fortalecer el matrimonio; y cómo mejorar las relaciones interpersonales, un tema muy relacionado a mi desempeño sobre la mediación. Por ejemplo, durante mi último sabático vivimos en Llanquihue. Se me brindó la oportunidad de dirigir una serie de charlas fogoneras sobre el tema durante un período de ocho meses. Mis llamamientos en la Iglesia han incluido misionero de rama y de estaca, maestro de seminario y profesor voluntario de instituto, maestro de los cursos de doctrina del evangelio y de principios del evangelio, sumo consejero y presidente de rama. Ahora que estoy jubilado y he vuelto a la patria con mi esposa, estamos ansiosos de servirle al Señor en Chile.