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Hola soy Lisa

  • Lisa Adachi
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Acerca de mí

Me imagino, que ustedes dirán que soy una típica estudiante asiática. Saco buenas notas en mis estudios, me quito los zapatos en casa y soy una convencida de comer con los palillos chinos. Sin embargo, si le preguntaran a algunos de mis amigos, ellos les dirían que soy todo, menos típica. Soy una súper entusiasta colaboradora de una organización de servicio llamada Operation Smile [Operación Sonrisa]. En los últimos dos años debo haber dedicado más de 1.100 horas de servicio a la promoción de su causa. Mi labor en esa organización me ha aportado tanto amor y perspectiva en la vida. Francamente, puedo decir que junto al evangelio de Jesucristo, es lo que ha ejercido más influencia en mi vida. Me ha impregnado una pasión por el servicio, y me ha permitido aprender que encuentro el mayor gozo en la vida al servir a los demás. Me encuentro al final de mi bachillerato, tratando de hacer lo mejor en mis estudios. Pronto comenzaré la universidad, y estoy ansiosa por enfrentar esos nuevos desafíos y experiencias. Siento pánico ante cualquier cosa con plumas, soy una líder entusiasta en todas las cosas y fan de Food Network [Canal de tv dedicado a la cocina y la alimentación]. Mi primer acto como persona adulta fue crear un perfil en Mormon.org. Estudiante de bachillerato, voluntaria de servicio, futura periodista. Mormona.

Por qué soy mormón(a)

Me bauticé cuando tenía 14 años, estando apenas en el octavo año de la escuela [segundo año de secundaria]. Soy mormona, porque antes de venir a esta tierra estuve de acuerdo con el Padre Celestial en que haría todo lo que pudiera para regresar a Él. Sé que mediante Su evangelio sempiterno de verdad, podré ser exaltada en gloria eterna. Es la única manera. Soy mormona, porque nada en esta vida me produce más felicidad que las personas y los amigos que he conocido y las oportunidades, testimonios y bendiciones que he experimentado en la Iglesia. Puedo decir con sinceridad, que nada me proporciona mayor gozo o paz cuando estoy afligida, que lo que encuentro en esta Iglesia. Las personas que me rodean me brindan un gran apoyo; las Escrituras (que incluyen el Libro de Mormón, la Biblia, Doctrina y Convenios y muchos otros) me dan respuestas divinas y el conocimiento de que todo sucede exactamente como debe y que las pruebas son bendiciones. Estoy tan agradecida de tener conocimiento de la vida eterna y del matrimonio eterno. En especial durante mis años de secundaria, aprendí que hubiera sido casi imposible avanzar por la vida sin contar con la Iglesia. Definitivamente, es una época difícil y desafiante. Hay tantas expectativas y presiones, incluso de tus mejores amigos, para abandonar la senda de la verdad y la rectitud. En ocasiones, no he tomado las mejores decisiones, pero, sé que me puedo arrepentir y encontrar respuestas por medio del Padre Celestial. Él no busca perjudicarme, Él me da pruebas que sabe que puedo superar y que al superarlas redundarán en beneficio para mí. Éstas son unas pocas de las razones por las que soy mormona. Mediante el Espíritu Santo se me ha confirmado que sólo a través de Su plan, es que podré alcanzar plenamente mi verdadero potencial. Amo el Evangelio con todo mi corazón y a él le debo lo que soy y lo que llegaré a ser.

Historias personales

Comparta sus sentimientos o testimonio sobre la restauración del Evangelio.

Completa la frase: “Porque sé que Él vive… ”, me pidieron un día en la clase de seminario (un cuso para aprender, crecer y enseñar, que tomo con estudiantes de mi edad durante la semana, pero que es aparte de mis estudios). Me era difícil contestar esta pregunta sin negarla. Le di vuelta a la pregunta y dije: “Si yo supiera que Él no vive… ” Si YO SUPIERA, que Él no vive, y SUPIERA, que el Evangelio no ha sido restaurado a la tierra; si supiera esas cosas con un testimonio firme y con convicción, sé que tendría poco a qué aspirar. Sé que no sería todo lo fuerte que soy ahora. Sé que estaría sola, y en circunstancias de extrema desesperación, me sentiría débil, deprimida y sin esperanzas. Sé que no me preocuparía por servir y amar y que no me esforzaría por mejorar las cosas en la vida. Si supiera, que el Plan de Salvación no es cierto, sé que me derrumbaría ante la perspectiva de no volver a estar con mis seres queridos en la vida por venir. Si creyera, que ni las familias ni los matrimonios pueden ser eternos, me entristecería en sumo grado. Si supiera, que no hay nadie a quién acudir para recibir ayuda en cada aspecto de mi vida; si supiera, que no hay quien conozca cada una de mis preocupaciones y escuche cada una de mis oraciones… Mi vida no tendría sentido. Me dolería. Estaría ociosa. Me derrumbaría. Felizmente, sé con mi corazón, mi mente y mi fuerza, que tengo un Padre misericordioso en el cielo que desea que regrese a Él. Sé que soy una hija fuerte, llamada y elegida, que ha tenido la bendición de venir a la tierra en esta época para un propósito divino y singular. Sé que mi familia puede estar junta por toda la eternidad y que viviremos felices para siempre. Sé que hay alguien que me ama más que lo que se pueda comprender y que ese alguien nos ama a usted y a mí por igual. Sé que si yo fuera la única persona en este mundo, aun así Él viviría y moriría por mí. Sé que todo acontece por alguna razón, y que las pruebas están perfectamente ajustadas a la capacidad de cada persona. Sé que aún falta lo mejor y que puedo hacer todas las cosas por Él y mediante Él. No sólo algunas cosas, sino TODAS las cosas. Sé estas cosas, porque sé que Él vive.

¿Por qué los mormones van a una misión?

La obra misional es uno de los medios principales por el cual los hijos de Dios se vuelven nuevamente a Él. Nosotros creemos que todos conocimos y adoramos a Dios en el cielo. Se envía a los misioneros en misiones por todo el mundo para ayudar a propagar el Evangelio y que sus hijos recuerden los convenios que hicieron con Él. No se requiere de todos los miembros que salgan a la misión, mas a todos los que son dignos se le pide sacrificar dos años al servicio de su Dios. Muchos de mis amigos me preguntan por qué estos jóvenes en edad universitaria (los élderes y las hermanas) no anteponen la educación y el trabajo a sus misiones. Respondo esa pregunta, diciendo primeramente que en la Iglesia la educación es altamente valorada y enfatizada. En uno de nuestros libros sagrados se lee: “Cualquier principio de inteligencia que logremos en esta vida se levantará con nosotros en la resurrección; y si en esta vida una persona adquiere más conocimiento e inteligencia que otra, por medio de su diligencia y obediencia, hasta ese grado le llevará la ventaja en el mundo venidero”. Aunque esto se aplique mayormente al conocimiento secular, creemos que el obtener conocimiento espiritual es tan o más importante aún. Si bien, el servir una misión de dos años es un sacrificio en lo que respecta a los estudios, creemos que las bendiciones y el mandamiento de predicar Su evangelio a todas las personas de la tierra son una prioridad bien definida. Las bendiciones que obtenemos del servicio misional (el trabajo en equipo, la administración del tiempo, la motivación y el servicio) sólo pueden ser de beneficio y apoyo a la educación secular. “Buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118). Tengo en alta estima a los misioneros, porque soy una beneficiaria directa de su labor. Conozco el impacto que causan estas jóvenes hermanas y los élderes en la vida de muchos y he vivido personalmente el gozo y cambio de curso que ellos aportan a las personas, las familias y sus descendientes. Apoyo a los misioneros, escribiéndoles cartas para animarlos, compartiendo el Evangelio en línea y aportando referencias.

La manera en que vivo mi fe

Actualmente, sirvo en dos llamamientos en la Iglesia. Formo parte del Comité de jóvenes de la estaca, donde se planean y llevan a cabo actividades para los jóvenes de nuestra estaca. Y dirijo a las mujeres jóvenes entre los 12 y 18 años de edad en mi barrio, que es la agrupación de miembros en una zona, que asisten en el mismo horario a la Iglesia. Dirijo reuniones, colaboro en la planificación de actividades divertidas y edificantes y ayudo a inspirar a las mujeres jóvenes a crecer en lo que llamamos los “valores de las Mujeres Jóvenes”, que abarcan la fe, el conocimiento, las buenas obras, la integridad y la virtud, entre otras. Ambos llamamientos han enriquecido y bendecido mi vida notablemente. El tiempo y el esfuerzo que he invertido en cada llamamiento han sido retribuidos con creces, por lo que me enseñaron y transmitieron. También vivo mi religión al asistir a la iglesia, pagar mis diezmos y servir en lo que pueda. Intento vivir conforme a lo que sé y lo que he aprendido.