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Hola soy Ling Wai-yee (Linda)

  • Linda Ling
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Acerca de mí

Soy una mujer optimista que disfruta de su vida, aunque sea ardua y difícil. Como super mamá que procura estar a la altura de su función como madre, de su responsabilidad profesional, de su servicio a la Iglesia y de su crecimiento personal en este mundo globalizado tan competitivo, me he fatigado en extremo por mantener el equilibrio, pero hay algo en mi mente y corazón que sostiene mi determinación de seguir adelante. Me encanta la música, el baile, el arte, la reflexión, el excursionismo y viajar por el mundo. También me gusta conocer a personas con trasfondos muy diversos en la vida y conocer su experiencia, sus sueños y sus esperanzas, lo cual enriquecerá mi espiritualidad y mis perspectivas para ver las cosas de manera diferente. Creo que el amor, la bondad y la misericordia elevan a las personas y crean un mundo mejor, si las personas abren su corazón y mente al cambio. Deseo ser una de las ruedas que impulsan al mundo hacia delante y alentar a la nueva generación de jóvenes a llevar una vida sana con una confianza sólida y respeto propio.

Por qué soy mormón(a)

¿Por qué soy mormona? Me lo he preguntado muchas veces a lo largo de los últimos años. Conocí La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días cuando era adolescente. Durante aquella época, me interesaba la religión y me impresionaban mucho los misioneros que trabajaban tan duro. Sacrificaban su tiempo, su dinero, su formación académica o su carrera profesional para viajar lejos de sus países de residencia a una tierra extraña, para aprender un nuevo idioma y predicar el Evangelio. Alentada por los misioneros, estudié las Escrituras, oré y asistí a las reuniones de la Iglesia para buscar mi testimonio. Debido a la firme objeción de mis padres a mi participación en las actividades de la Iglesia, esperé tres años para ser bautizada y entonces obtuve mi testimonio. Tras el bautismo, escuché una voz apacible y delicada que me dijo repetidamente que guardara los mandamientos, y sentí como si un fuego ardiera en mi corazón. En ese preciso instante supe que el Espíritu estaba conmigo y que sería mi guía. Incluso hoy, este recuerdo sigue fresco y el sentimiento de ardor sigue existiendo. A medida que pasaba el tiempo, atravesé muchas pruebas para mantener mi fe y mi identidad como mormona en diferentes etapas de la vida, ámbitos profesionales y situaciones sociales. Aunque presté servicio en una misión, la tentación es tan fuerte en el largo camino de la vida que necesito estar sumamente atenta a las trampas del mundo en todo momento. Cuando termina el día y llega la oscuridad, me quedo sola debatiéndome contra la tentación y las dificultades, y me pregunto a mí misma por qué soy mormona y no otro tipo de creyente religiosa, o una persona normal que parece tener una vida fácil, con menos compromisos. No obstante, la voz apacible y delicada me consuela y me confirma que mi decisión es la correcta. Cuando siento paz y gozo en el Evangelio, me doy cuenta de que los mandamientos son escudos para protegerme del error y la maldad, y sentirme libre y sin temor de ser yo misma, gracias a la expiación de Jesucristo. Me siento orgullosa y feliz de ser mormona porque Dios vive, la Iglesia es verdadera, el Libro de Mormón es la palabra de Dios, y todo ello es de gran valor para mí.

La manera en que vivo mi fe

Verdaderamente, el vivir con fe y perseverar hasta el fin es un enorme desafío, ya que el aferrarse a la creencia de uno requiere una estricta autodisciplina, paciencia, fe y sabiduría. Soy miembro desde hace casi 40 años, y cuando miro hacia atrás para ver cómo vivo mi fe, llego a la conclusión de que mi experiencia consta de tres aspectos. Primero, permanecer cerca del Señor. Cuando uno está siempre preocupado por asuntos temporales como el ganarse la vida, cuidar de familiares, cumplir con obligaciones sociales y satisfacer los requisitos de una carrera profesional, resulta fácil perderse y gradualmente alejarse de la Iglesia, ya que todos somos seres humanos con nuestra propia debilidad. Para mantener mi bienestar espiritual, siempre entro en comunión con Dios mediante la oración y el estudio de las Escrituras, además de asistir a la Iglesia y al templo para aferrarme al Espíritu Santo y así mantener una relación estrecha con Dios. Segundo, el servicio a mis semejantes en la Iglesia y en la comunidad. El servicio me ayuda a desprenderme del egoísmo y a ser más consciente de las necesidades de los demás. Visito a los pobres y a los necesitados, comparto mi testimonio, enseño el Evangelio y administro programas para los niños, los jóvenes y las mujeres. Recientemente participé en una obra de caridad destinada a ofrecer proyectos de autosuficiencia a las madres solteras de bajos ingresos y a las familias desfavorecidas de China, con el fin de mejorar su calidad de vida. Estos actos de servicio han ampliado el alcance de mi vida y fortalecido mi fe, lo cual me hace entender mejor el amor de Dios por Sus hijos en la Tierra. Por último, la introspección. La introspección edifica la fe. Cuando puedo reflexionar, me doy cuenta de mi fortaleza y mi debilidad para mejorar más y llegar a ser una mejor cristiana. Obtengo un deseo más fuerte de ser como Dios, lo cual es una potente motivación para vivir con fe por el pasado y el futuro. A pesar de que no soy un ser perfecto, la fe me brinda esperanza para luchar por la excelencia y creer que puedo mejorar si sigo esforzándome por ello.