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Hola soy Kirk Taylor

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Acerca de mí

Cuando era pequeño, como muchos niños, soñaba con convertirme en una estrella de rock. Sigo soñando con convertirme en una estrella de rock. Probablemente es algo que ya no sucederá, pero hallo mucho gozo en la música. Enseño piano y he tocado profesionalmente desde la escuela secundaria. Mi esposa y yo dirigimos un estudio de artes escénicas y estamos rodeados por músicos de talento todos los días. Es muy emocionante desempeñar un papel en la trayectoria musical de un joven. Nuestro sueño estuvo a punto de truncarse cuando recién nos casamos, porque dejé la música para trabajar como corredor de bolsa. Tras pasar cinco años en un trabajo que nunca lo disfruté, finalmente me di cuenta de que mi llamamiento y mi felicidad se encontraban en la música. Durante los cinco años que pasé sentado detrás de un escritorio de corredor de bolsa subí mucho de peso. Cuando por fin me marché de la oficina para seguir mi verdadera pasión, sabía que tenía que hacer cambios con respecto a mi salud. Me comprometí seriamente con el Señor a hacer lo que fuera necesario por volver a ponerme en forma. Empecé a correr tres días a la semana. Un año después, conseguí terminar un medio maratón. Posteriormente, ese mismo año, corrí en un maratón y un par de triatlones. Desde entonces he terminado la competición Ironman en ocho ocasiones. Pero lo más importante de mi vida es mi familia. Me encanta leer, jugar videojuegos y con piezas Lego, nadar, hacer senderismo y montar en bicicleta con los niños. ¡Me encanta que desayunemos juntos! Soy muy afortunado por tener una esposa y una familia asombrosas. Estoy muy agradecido por las bendiciones diarias que recibimos cada día como familia gracias a nuestro amor y nuestra fe.

Por qué soy mormón(a)

Mis padres se unieron a la Iglesia cuando eran una joven pareja casada. Nací en esta fe y crecí asistiendo regularmente a las reuniones de la Iglesia. Me convertí en miembro oficial de la Iglesia al bautizarme cuando tenía ocho años. En ese momento, realmente tenía fe en que estaba haciendo lo que Dios deseaba que hiciera. Creía que José Smith era verdaderamente un profeta, que vivió una experiencia milagrosa cuando era joven y que yo era afortunado por conocer la verdad. Pero, por supuesto, era joven y mi “testimonio” del Evangelio todavía era nuevo y pequeño. Cuando empecé la escuela secundaria, mi familia ya no participaba tan activamente en la Iglesia. Sentí que a mi vida le faltaba algo y era muy consciente de que la felicidad que sentía cuando era más joven ya no estaba presente. Finalmente, un par de amigos de la Iglesia me convencieron para que asistiera a seminario (una clase de estudio de las Escrituras que se imparte temprano por la mañana a todos los miembros de la Iglesia que tienen la edad de 14 a 18 años). No pude evitar darme cuenta de que esos muchachos parecían ser realmente felices y yo estaba desesperado por sentir lo mismo. Pensé: “Quizás debería intentar hacer las cosas que se me han enseñado. Oraré con más frecuencia, leeré las Escrituras, me esforzaré más por seguir el ejemplo del Salvador cada día”. A medida que iban pasando los días y las semanas, empecé a notar un cambio muy real en mi vida. Sentí paz. Sentí gozo y felicidad reales. Me di cuenta de que mis oraciones eran escuchadas y que serían contestadas. ¡Averigüé que era verdad! Esos días y experiencias constituyeron un momento decisivo en mi vida. Con el tiempo, pensé: “Si Dios escucha mis oraciones y responde a ellas, escuchará y responderá a cualquier persona”. Quería compartir esta asombrosa verdad con todos y eso se convirtió en mi mayor deseo. Unos años después, pude servir en una misión de tiempo completo de la Iglesia. No creo que nunca haya sido tan feliz como entonces. Simplemente, fue una experiencia asombrosa y maravillosa recorrer los caminos polvorientos cada día, compartiendo el Evangelio y hallando gozo al ver cómo otras personas descubrían la verdad por ellas mismas. Soy mormón porque creo absolutamente que es verdad, por medio de experiencias espirituales y mi vida cotidiana.

Historias personales

¿Qué ha contribuido a generar mayor armonía en su hogar?

La manera en que vivo mi fe

Para nuestra familia, vivir la fe comienza exactamente por eso: nuestra familia. Como familia, leemos el Libro de Mormón cada día. Empezamos el 1 de enero de 2009 y no hemos fallado ni un día desde entonces. A veces tenemos que leer en el auto, de regreso a casa después de un partido de béisbol que se ha jugado tarde. ¡Menos mal que tenemos las Escrituras en los teléfonos inteligentes! Cada día oramos en familia, nos arrodillamos y cada hijo hace su propia oración, y luego uno de nosotros hace la “oración familiar”. Disfrutamos de las reuniones de la Iglesia cada domingo. No creo que a ninguno de nosotros nos importe pasar tres horas en las reuniones porque el domingo es el día del Señor y no hay ninguna forma mejor de “santificar el día de reposo” que participar en nuestros grupos y clases de la Iglesia. También ayunamos cada mes. Esto significa que no tomamos alimentos ni agua durante al menos dos comidas. Intentamos hacerlo durante 24 horas, pero puede resultar difícil. Después donamos una “ofrenda de ayuno” a la Iglesia para ayudar a los necesitados. También entregamos a la Iglesia el diezmo, el diez por ciento de nuestros ingresos para ayudar a edificar templos y capillas. Es raro que pase una semana en la que no tengamos alguna actividad relacionada con la Iglesia. Nuestros hijos participan en los Cub Scouts con su grupo de la Iglesia y mi esposa se reúne, al menos una vez al mes, con el resto de mujeres de la Iglesia para llevar a cabo actividades edificantes. Uno de los aspectos que considero que hacen de nuestra Iglesia algo excelente es que todos tenemos una asignación o “llamamiento”, que llevamos a cabo como un acto de servicio y de entrega. Nadie es remunerado por su llamamiento. Estos llamamientos se asignan a cada miembro a través de su obispo local. He tenido la bendición de servir como maestro de seminario durante los últimos ocho años. El seminario es un programa de estudio de las Escrituras dirigido a todos los miembros que tienen la edad de 14 a 18 años. Nuestra clase se reúne cada día, antes de la escuela, durante una hora. Me ha encantado enseñar seminario porque he tenido que profundizar un poco más en las Escrituras cada día y he podido compartir mi fe con los jóvenes. Resulta asombroso y me llena de humildad ver cómo su fe echa raíces y crece. Vivir nuestra fe significa hacer todo lo posible por hacer lo correcto cada día.