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Hola soy Jenny

  • Jenny Hess
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Acerca de mí

Me encanta ir a acampar, hacer senderismo, andar en bicicleta, explorar, escalar rocas, nadar y jugar al aire libre con mi familia. Cuando no estoy al aire libre, me encanta hacer acolchados. Especialmente, me gusta hacer acolchados con las manualidades de mis hijos, ya sea dibujando con los marcadores de tela o bordado por mí. Esto me ayuda a congelar un momento en el tiempo, de cuando mis hijos son pequeños.

Por qué soy mormón(a)

Mis padres son mormones, por lo que crecí en la Iglesia. En mi adolescencia empecé a cuestionar y a poner en duda muchas de estas creencias, ya que no quería pertenecer a una iglesia sólo porque era la de mis padres. Leí la Biblia y leí el Libro de Mormón, y oré. A medida que mi relación con Dios se fortalecía, me di cuenta de que podía distinguir cuando Él me estaba guiando a través de mis pensamientos y sentimientos. Traté de ser consciente de mis sentimientos para poder reconocer la orientación de Dios en mi vida. Me di cuenta de que yo también creía en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Descubrí que las Escrituras son la palabra de Dios y que cuando me sumerjo en ellas, me siento mejor conmigo misma y tomo mejores decisiones. ¿Por qué soy miembro en la actualidad? Porque por medio de ordenanzas como el bautismo, he hecho convenios con Dios, que me tomo muy en serio. Dios ha cumplido con su parte para conmigo y yo pretendo cumplir con Él. Amo al Señor Jesucristo y a mi Padre Celestial. Sé que Ellos diseñaron un plan para mí y mi familia. Me siento abrumada de que Jesús viniera a la tierra para morir por mí y cumplir con Su parte de ese plan. Su sacrificio por mí posibilita que mi familia y yo volvamos para vivir con Él otra vez y con todos mis seres queridos más allá del velo, y por eso, me siento verdaderamente agradecida. ¿Por qué soy mormona? En parte, debido a un sentimiento de gratitud. En parte, debido a un sentimiento de amor. Y en parte por el gozo y la paz interior que siento por seguir lo que he aprendido que es la verdad.

Historias personales

¿Recuerda algún desafío específico en su familia que pudieron superar gracias a los principios del Evangelio?

Yo he estado casada por 16 años con un hombre increíble a quien amo entrañablemente. Tenemos cinco hijos divertidos con quienes nos encanta jugar. La mayor es una niña, seguida de cuatro niños salvajes. Nos divertimos mucho y, por lo general, disfrutamos de estar juntos. El 1 de enero de 2008 estábamos de vacaciones cuando nuestro hijo de cuatro años, Russell, murió en un accidente de trineo. Estábamos desconcertados. Estábamos en choque. Estábamos más allá de la creencia o la emoción. En un minuto pasamos de estar planeando nuestro viaje de regreso a estar discurriendo cómo organizar un funeral. Cuando mi esposo, Kirk, y yo estábamos en la sala de emergencias despidiéndonos de nuestro hijo, pudimos sentir la presencia consoladora de nuestro Padre Celestial. Aunque estábamos consumidos por la tristeza, ambos teníamos la confirmación fuerte de que esto era parte del plan de nuestro Padre Celestial para nuestra familia. Es muy difícil describir cuánto dolor estábamos experimentando, al tiempo que sentíamos la certeza del amor de nuestro Padre Celestial por nosotros. Pudimos sentir Su cuidado y preocupación por nuestros delicados sentimientos. Fue casi como si Él estuviera sosteniéndonos en Sus brazos y llorase con nosotros. El dejar partir a nuestro hijito y literalmente colocarlo en las manos del Señor, fue una experiencia sagrada para nosotros. He tenido muchos altibajos desde ese día. Honestamente, he tenido más bajones que subidas. Me ha resultado muy difícil mi vida luego de esta pérdida. He luchado con una depresión que jamás había experimentado antes. En muchas ocasiones me ha costado salir de la cama, y muchas veces me rindo y me dejo estar. Si bien, agradezco a los médicos que trabajaron tan incansablemente con mi hijo en un vano esfuerzo por salvar su vida, la experiencia de ver a mi hijo morir me ha dejado con trastornos por estrés postraumático. He tenido ataques de pánico, aumentos de ansiedad, dificultad para dormir y problemas para afrontar la vida. Me era difícil ser una buena madre para mis hijos, mas hice lo mejor que pude. Durante ese primer año terrible, pasé mucho tiempo conversando con mi Padre Celestial con total sinceridad. En ocasiones le hacía saber lo enojada que estaba con Él, y me sorprendía sentir Su amor por mí aún con tanta fuerza. Le decía cuán triste estaba, cuán sola sin Russell. Le decía a nuestro Padre Celestial cuánto me dolía, y lo difícil que me resultaba sonreír. Entonces, me detenía y escuchaba. El cuidado y la preocupación que sentía provenir de Él me dejaban asombrada. Obtuve una comprensión más profunda del dolor que mi Salvador debe haber experimentado en el jardín de Getsemaní. Entendí, aunque sólo en grado mínimo, cómo mi Padre Celestial debe haber llorado cuando vio a Su Hijo morir en la Cruz. Y entonces me sentí embargada por el amor que mi Padre Celestial y mi Salvador, Jesucristo, deben tener por todos nosotros para experimentar todo ese intenso dolor y sufrimiento a fin de abrir el camino para que podamos regresar a vivir con Ellos. Las Escrituras han parecido cobrar vida para mí. De páginas con historias ya conocidas, brotan nuevos conocimientos que llegan a mi corazón. Ideas que nunca había ni imaginado, penetran en mi mente y me enseñan grandes cosas. En Isaías 61:1, el Señor promete que Él viene para “vendar a los quebrantados de corazón”. y en Isaías 61:3, Él nos promete “gloria en lugar de ceniza” y “gozo en lugar de llanto”. Por medio del Evangelio de Jesucristo y por medio de mi relación con mi Padre Celestial, yo he sido vendada, me han dado esa gloria y estoy empezando a sentir ese gozo.

La manera en que vivo mi fe

Mi familia y yo estamos muy consagrados a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Asistimos a la iglesia todos los domingos y servimos dondequiera que se nos necesite. Actualmente toco el piano para nuestro grupo de mujeres, y soy la líder del “día de actividades” de las niñas entre 8 y 11 años. Nos juntamos cada dos semanas y tenemos actividades divertidas para enseñar a las niñas nuevas habilidades y ayudarlas a incorporar valores en su vida diaria. También procuro prestar servicio en la comunidad, en la medida de los posible. Colaboro en las clases de mis hijos y todos los años hago un acolchado de la clase para cada uno de los maestros de mis hijos. Participo en proyectos de servicio en mi zona, ya sea recogiendo basura en la playa o embelleciendo un parque local. Me parece que mis hijos también disfrutan de estos servicios, y el servir juntos ha fortalecido a nuestra familia. He encontrado una manera para vincular mi amor por los acolchados con el servicio a los demás. Hace pocos años, falleció una hija de una amiga mía en un accidente de automóvil. Todos nos sentíamos desolados y tristes por ella y no sabíamos cómo podíamos aliviar un poco su dolor. Cuando mi amiga estaba pensando qué hacer con la ropa de su hija, me ofrecí a hacer un acolchado con eso. Esto resultó ser beneficioso tanto para mi amiga como para mí. Planeamos y trabajamos juntas en la colcha, y así mi amiga compartió conmigo anécdotas de su hija. Aprendí que podía hablar con alguien que había tenido una gran pérdida, y que estaba bien si ella lloraba. Nuestras conversaciones fueron un bálsamo de sanación para mi amiga y me ayudaron a sentirme cómoda con este tipo de conversaciones. El buscar maneras de prestar servicio me ayuda a ser feliz. Me siento bien conmigo misma, cuando estoy haciendo todo lo posible por mejorar mi entorno. Me siento más cerca de mi Salvador porque estoy viviendo como Él lo hizo cuando vivió en la tierra, y creo que ésa es la mejor manera en que puedo vivir mi fe.