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Hola soy Jarem

  • Jarem Frye
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Acerca de mí

Trabajo: Soy el fundador y presidente de SymBiotechs USA, que es una empresa de diseño y fabricación de prótesis. Soy sobreviviente del cáncer y tengo amputada la pierna. Diseño y fabrico productos que permiten hacer snowboard, esquí acuático y en la nieve, alpinismo y otras actividades que antes se consideraban imposibles para personas a las que le falta una pierna. Para mí lo más difícil del cáncer fue perder la “normalidad”, es decir la capacidad para hacer que eran una parte importante de mi vida. La capacidad para volver a vivir una vida normal es mi cura para la peor parte del cáncer. Pienso que es igual de importante para los pacientes que nos dicen que le hemos devuelto la vida. Esos pacientes incluyen a sobrevivientes del cáncer, soldados lesionados en el servicio, atletas que han sufrido amputación y otras personas de todo el mundo. Logros personales: Con mis diseños, soy la primera persona con amputación arriba de la rodilla que hace esquí, alpinismo y esquí acuático. ¡Lo más emocionante es que he creado una compañía que bendice vidas en todo el mundo! He hecho posible cosas que se me dijo que no podría hacer por mi amputación y ahora otras personas del mundo están haciendo lo imposible conmigo. Todos estos logros han sido maravillosas bendiciones que nunca hubiera obtenido sin la mano de Dios en mi vida. Familia: No puedo dar todo el crédito posible a mis padres por todo lo que me han dado. Ambos pasaron mucho tiempo enseñándome, inspirándome y amándome a mí y a mis hermanos durante toda nuestra vida. ¡Mi esposa es la mujer más asombrosa que conozco! Me enamoré de ella antes de verla. Una de sus amigas me estaba cortando el cabello cuando ella vino de visita. En el momento en que escuché su voz mi corazón saltó y los siguientes segundos fueron eternos hasta que vi su rostro. Rodeó la silla para saludarme y confirmé todas mis sospechas. Empecé a conquistarla desde esa noche. Juntos tenemos dos hermosos hijos y viene otro en camino. Mi familia es el mayor gozo de mi vida y es realmente una bendición del cielo. Futuro: Continuaré en el desarrollo de prótesis que seguirán ampliando las posibilidades para que las personas con amputaciones tengan una vida plena y activa en el trabajo, en la diversión y en la vida familiar. Estoy tratando de establecer una compañía que no solo provea productos que hagan de lo imposible una realidad, sino que también inspiren a las personas a creer en sus propias posibilidades. También estoy tratando de diseñar y proveer prótesis que se ajusten a las necesidades específicas del tercer mundo, al mismo tiempo que desarrollo prótesis avanzadas para sociedades más modernas. Filosofía: Nunca rehúses un elogio ni lo dejes pasar tratando de ser humilde. Todo lo que sea digno de elogio en ti es un don de Dios. Negar que mereces un elogio es negar los dones de Dios. Acepta los elogios que vengan, pero alaba a Dios siempre y agradécele en todo.

Por qué soy mormón(a)

Soy mormón porque creo que Dios aún ama a Sus hijos y que en el mundo actual, más que nunca, lo necesitamos a Él en nuestra vida. Sé que un Dios que siempre ha seguido un patrón de revelación de Sus verdades y ha guiado a Sus hijos a través de esta vida difícil no podría dejarnos desamparados para encontrar nuestro por esta vida, con la esperanza de encontrar una “opinión” acertada de Su palabra en medio de miles de creencias e interpretaciones. Sé que Jesucristo es mi Salvador y que Él ha llamado a profetas en nuestro tiempo al igual que lo hizo en la época de la Biblia. ¿Por qué no lo haría? ¡Necesitamos de Su guía directa ahora más que nunca en este mundo! Creo que José Smith fue un profeta como lo fue Moisés y que nuestro profeta actual Thomas S. Monson también lo es. He adquirido esa creencia gracias al cuidadoso estudio tanto del Libro de Mormón como de la Biblia y a la sincera oración a nuestro Padre Celestial.

Historias personales

¿Por qué los mormones van a una misión?

Al final de mi misión conocí a una mujer que había investigado la Iglesia por más de nueve años. Durante ese tiempo había estudiado diligentemente varias religiones. Cuando nos dijo que quería bautizarse, señaló que primero quería hacerme algunas preguntas. Su primera pregunta me sorprendió. “¿Es su padre carpintero?”, preguntó. “Sí”, contesté, pensando que era una pregunta extraña. “¿Has trabajado en el taller con él cuando eras joven?”, preguntó a continuación. Nuevamente contesté afirmativamente, aún sin entender por qué me hacía preguntas para las cuales parecía saber las respuestas. Su siguiente pregunta me sobresaltó. “¿Te ponías una camisa de franela de color rojo y blanco cuando ayudabas a tu padre en el taller?” Ella se dio cuenta de que su pregunta me agarró desprevenido. Mi abuelo había fallecido hacía como 10 años. Yo había guardado una de sus camisas para trabajar en su taller de carpintería donde mi padre y yo construimos un velero a escala durante las dos semanas que pasamos cuidando la propiedad. Me preguntaba si ella me había seguido la pista al otro lado del océano y había averiguado mi pasado. Viendo mi sorpresa, continuó. “Debería explicarle por qué le pregunto esto”, señaló. “Hace nueve años cuando conocí a los misioneros SUD por primera vez, leí el Libro de Mormón y oré a Dios para preguntarle si debía unirme a esta Iglesia. Después de orar, me acosté en la cama en silencio. Cerré los ojos y me pasó una imagen por la mente. Vi a un padre y a su hijo trabajando en un taller de carpintería. El hijo era muy joven y tenía puesta una camisa de franela de color rojo y blanco. No oí ninguna voz, pero me sobrevino un buen sentimiento y la sensación de que ese jovencito sería el misionero que me bautizaría. No sabía que tomaría nueve años, pero cuando llegaste a mi puerta por primera vez, supe que eras ese muchacho”. Entramos a las aguas del bautismo juntos el último día de mi misión de dos años en Inglaterra. ¡Fue gratificante ver que otras personas sintieran la felicidad que yo he sentido! No creo que haya una mejor razón para servir a los demás que compartir su gozo y saber que el Salvador se alegra con cada alma que se trae a Él, como pasó con esa hermana. Servimos misiones porque amamos a nuestro Salvador Jesucristo y a nuestros hermanos espirituales.

La manera en que vivo mi fe

Cuando tenía 14 años se me diagnosticó cáncer de hueso en la pierna izquierda. Durante dos años, entraba y salía del hospital para recibir quimioterapia y nueve operaciones que incluyeron la amputación de la pierna arriba de la rodilla. A la edad de 14 años solamente me enfocaba en permanecer activo y en ser “normal”. En la escuela me decían cabeza rapada y algunos me acosaban porque no sabían por qué no tenía cabello. Había jóvenes que me esquivaban porque creían que el cáncer era contagioso y hubo muchas otras reacciones. Siempre traté de ser positivo, me recordaba a mí mismo que Dios tenía una plan para mí y que no debía preocuparme por lo demás. Extraño esa fe infantil que es difícil de mantener a medida que la vida se vuelve más complicada. Después del cáncer, me preguntaban: “¿Fue difícil para ti?” y “¿te deprimiste al pasar por todo eso?”. Recordaba las noches en la cama del hospital cuando sabía que todo iba a culminar con la amputación y tenía la esperanza de permanecer vivo, pero no experimenté ninguna de esas cargas emocionales. Un día me di cuenta cuando estaba leyendo el Libro de Mormón. Hablando de la venida de Cristo, el profeta Alma escribió: “Y él saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases; y esto para que se cumpla la palabra que dice: Tomará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo” ( Alma 7:11). Me di cuenta de que mi sencilla confianza en el Salvador permitió que la carga de mi enfermedad fuera aliviada y absuelta gracias a Su Expiación. Nunca antes había comprendido que la Expiación infinita no solo podía salvarme de mis pecados, sino que también podía liberarme de la tristeza, la desesperación, la enfermedad y el dolor. Desde entonces he tratado de recordar ese sencillo principio y de aplicar la Expiación de Cristo en cada parte de mi vida. Todos los aspectos de mi vida han sido una bendición de Dios. Creo que Él tiene innumerables bendiciones para todos nosotros. Algunas vienen disfrazadas de desafíos y muchas son difíciles de reconocer como bendiciones, pero con Su ayuda y con un poco de nuestra fe, las bendiciones que nunca hubiéramos imaginado están a nuestra disposición. Así como cualquiera compartiría lo que ha bendecido su vida, trato de compartir el gozo que el Salvador me ha dado con los demás con la esperanza de que sentirán el mismo gozo y rescate que he experimentado.