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Hola soy Jacqui Gordon-Lawrence

  • Jacqui Gordon Lawrence
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Acerca de mí

He seguido varias trayectorias profesionales. Mi primera profesión fue la de actriz. Trabajé en muchos medios: teatro, televisión y cine. Trabajaba arduamente, pero lo disfruté mucho. Conocí a muchas personas interesantes y creé muchos personajes interesantes. Actué en EastEnders, una telenovela británica, durante dos años. Cuando terminé de trabajar en EastEnders tuve que tomar algunas decisiones muy importantes: ¿Debía seguir trabajando como actriz o debía hacer algo distinto ahora que era esposa y madre? Me preocupaba que, si seguía en el mundo de la actuación, habría momentos en los que tendría que trabajar lejos de casa, dejar a mi esposo y tener a una niñera que cuidara a mi hija. Así que tomé una decisión: Iba a trabajar en una profesión que me permitiera cuidar a mis hijos. A una edad madura, empecé a estudiar psicología y psicoterapia. Durante mis estudios obtuve la certificación de representante en comisarías de policía. Llevo 20 años trabajando en el campo legal. Mi próximo reto es convertirme en psicoterapeuta. Estoy entusiasmada con el futuro. He sido bendecida con dos hermosas hijas y un esposo que nos ama y nos apoya. Nos gusta viajar a los Estados Unidos y pasar tiempo con nuestros parientes. Tenemos personalidades muy particulares y cada uno de nosotros ama la vida y las oportunidades que hemos tenido de explorar y formar parte de este mundo. Nos esforzamos mucho por seguir siendo positivos en un mundo lleno de negatividad. Nuestra actitud consiste en considerar el vaso medio lleno y no medio vacío.

Por qué soy mormón(a)

Yo no fui quien se puso en contacto directamente con La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; fue mi hermana. ¡Ella era fan de Donny Osmond! Fue la primera que investigó la religión mormona; yo sólo la acompañaba. Mis padres no se opusieron a que investigáramos una nueva religión. Nos educaron en la religión católica; íbamos a la iglesia los domingos y eso parecía ser todo. Los misioneros acudieron a nuestra casa durante varias semanas para enseñarnos las lecciones y, con el tiempo, nos bautizamos. Formábamos parte de una pequeña rama. Los miembros siempre nos recibían muy bien y eran muy amigables; así empezó mi vida en la Iglesia. Como me uní a la Iglesia cuando era adolescente, y no tuve la oportunidad de participar en el excelente programa para los jóvenes. Me gustaría motivar a todos los jóvenes a participar. Soy miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Es un estilo de vida, no sólo una religión para los domingos. Todos los aspectos de mi vida están inmersos en mis creencias. Ser miembro ha tenido sus dificultades. En la década de 1970 se me preguntaba constantemente por qué quería pertenecer a una religión que creía que las personas de raza negra no eran iguales que las de raza blanca. No podía explicar por qué. Leí la Biblia y el Libro de Mormón, y creía lo que decían. Cada persona debe averiguar por su cuenta cómo se siente acerca de la Iglesia. Yo no tengo por qué imponer mis creencias a los demás. Intento vivir de acuerdo con mis creencias. Un día recibí una llamada telefónica de una amiga que había visto en la televisión una biografía de Gladys Knight. Me llamó porque se acordó de que yo era mormona y quería ponerse en contacto con la Iglesia. Doy gracias porque se sintió en confianza para llamarme y porque pude darle la información que necesitaba para ponerse en contacto con los misioneros. ¡Vaya! Eso me hace pensar: ¿Cuántas personas están observándome? ¿Se me está juzgando? Extiendo la invitación sincera a todas las personas que lean esto a tomar la iniciativa e indagar acerca de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Historias personales

¿Qué ha contribuido a generar mayor armonía en su hogar?

La armonía en el hogar es importante para mi esposo y para mí, ya que no tenemos las mismas creencias religiosas. No obstante, tenemos en común el amor por la Biblia, que es el cimiento de las creencias de ambos. Sentimos un respeto mutuo por la religión que cada uno ha escogido, pero mantenemos la firme convicción de nuestras creencias religiosas individuales.

La manera en que vivo mi fe

Me encanta la gente, especialmente los jóvenes de la actualidad. Son jóvenes audaces e inquisitivos, que no tienen miedo de cuestionar a los adultos si no están de acuerdo con lo que dicen. Me encantan los jóvenes porque me motivan a ser una mejor persona; me hacen pensar en lo que digo, reflexionar y actuar. En la Iglesia tengo el llamamiento de trabajar con los jóvenes. En la actualidad trabajo con el programa de las Mujeres Jóvenes. Es maravilloso observar cómo las niñas pasan a ser señoritas. Es muy agradable escucharlas y participar en sus conversaciones cuando analizan y hablan acerca de los cambios que se producen en su vida física, social y espiritual. El programa de los jóvenes les permite participar con frecuencia en proyectos de servicio comunitario: han cuidado de jardines para personas mayores, han limpiado casas, han recogido basura en la localidad, han cuidado de niños, han hecho galletas y han ayudado de todas las maneras que se han considerado convenientes. Esto no siempre sale bien; en muchas ocasiones no quieren participar. Pero, con un poco de persuasión, participan, y la satisfacción personal que expresan al final del proyecto resulta conmovedora. Muchos de los jóvenes que conozco en la comisaría de policía suelen proyectar una imagen de jóvenes seguros, beligerantes y espabilados, pero cuando están a solas conmigo, me doy cuenta de que muchos de esos jóvenes necesitan algo más que asesoramiento legal; necesitan ser amados. Muchos jóvenes me halagan indirectamente cuando piden ser parte de mi familia. Les explico que soy estricta y que tengo unas directrices por las que intento guiar mi vida. Muchos jóvenes dan marcha atrás en su petición de unirse a mi familia; otros expresan el deseo de formar parte de mi vida. Necesitan ser amados de forma incondicional. Me encanta mi vida. Las cosas no son fáciles; me enfrento a muchos obstáculos, pero eso es una parte inseparable de lo que me hace mejorar como persona. Intento tratar a los demás de la misma forma en que me gustaría que me trataran a mí. Busco lo positivo en todas las personas a las que conozco y en muchas de las situaciones que encuentro.