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Hola soy Devin

  • Devin Gales
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Acerca de mí

He sido miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días por cuatro años. Hoy vivo con mi hermosa esposa y tres de los mejores hijos que un padre podría tener en esta tierra, mi hija de 19, mi hija de 12 y mi hijo de 2 años de edad. Trabajo en uno de los departamentos de bomberos más grandes y ocupados del país como uno de los portavoces de ese lugar y como bombero y paramédico. Tengo la maravillosa oportunidad de trabajar con los medios de comunicación y el personal del comando para relaciones públicas, como uno de los oficiales de información pública del departamento. Ahora trabajo en estrecha colaboración con los representantes de la televisión, los medios de comunicación, noticias radiales y la industria del entretenimiento, con el fin de proporcionar a todos los ciudadanos del país los conocimientos básicos sobre la protección, los servicios y la seguridad en la ciudad de Los Ángeles. En este nueva función, me encontrarán trabajando como miembro de un complejo equipo de profesionales del departamento de bomberos ayudando a los ciudadanos de Los Ángeles a sentirse más seguros y protegidos con sólo el sonido de una voz.

Por qué soy mormón(a)

Oh, ¿por dónde empiezo? Mi historia comienza justo antes del verano de 2003 cuando conocí a mi esposa, quien se crió en la Iglesia. Nos conocimos en una cita organizada por otros, a la cual ninguno de los dos estábamos muy entusiasmados por ir. La mayoría de la gente habla de cosas superficiales cuando se conocen por primera vez. Nosotros, sorprendentemente, hablamos en profundidad sobre nuestras dos religiones. Aunque los dos éramos inactivos en nuestras iglesias, pronto nos dimos cuenta lo extraño que era el sentirse cómodo hablando de nuestras religiones tan pronto en nuestra relación. No hace falta decir que desarrollamos mucho afecto y decidimos continuar las citas. No fue hasta que nuestra relación se puso seria, que las cosas empezaron a ponerse un poco incómodas. El tema del matrimonio pronto salió a la superficie, junto con conversaciones acerca de lo importante que era para ella casarse en el templo. Para tener más conocimiento, en secreto comencé a hacer preguntas acerca de su Iglesia a miembros que conocía de mi trabajo. Después de que se me explicó exactamente lo que significa asistir al templo, estaba claro que ella y yo necesitábamos tener una conversación más profunda de lo que se esperaba de cada uno. Pronto decidimos visitar las iglesias de cada uno para aprender más el uno del otro. Recuerdo que pensaba que había muchas similitudes en ambas. A medida que pasaba el tiempo me vi obligado a explicarle que bajo ninguna circunstancia podría llegar a ser Santo de los Últimos Días y por lo tanto nunca me casaría en el templo. Después de todo, tenía dos niñas que estaba criando como Testigo de Jehová y mis creencias eran fuertes. Más adelante decidimos que nos amábamos lo suficiente como para trabajar en nuestras diferencias. A pesar de todo lo que estaba sucediendo, le pedí a su padre y a su madre la mano de su hija para casarme con ella. Después de expresar algunas inquietudes su respuesta fue: “Bueno, supongo que tendremos que ver a dónde llegará la relación”. Obviamente, ella dijo que ¡sí! A medida que el día de la boda se acercaba las cosas se pusieron tensas. Empecé a dudar de mi relación con ella. Recuerdo haber orado a Dios, quien yo creía que era Jehová en aquel momento, y preguntarle si estaba haciendo lo correcto. También recuerdo que mis sentimientos eran claros “SÍ”. Al igual que con cualquier relación, lo problemas comenzaron a crecer. Llegamos a un punto crucial en nuestro matrimonio en donde decidimos que no podría funcionar y ambos nos sentimos desbastados. Justo cuando las cosas no podían ir peor, me pidió que volviera a ir a la iglesia con ella, le dije que no. Más tarde me pidió asistir a sus lecciones con los misioneros sobre el Libro de Mormón. Estuve de acuerdo en escuchar para apoyarla a ella y a nuestro matrimonio. Aunque las lecciones eran para mi esposa, sorprendentemente fui yo quien comenzó a hacer las preguntas. A pesar de que anteriormente había tenido conversaciones con los misioneros como Testigo de Jehová acerca del Libro de Mormón, quedó claro que no sabía la mitad de lo que yo creía saber acerca de los Santos de los Últimos Días. No tomó mucho tiempo para que el enfoque de las lecciones en vez de ser para mi esposa fuera para mí. Al estudiar las Escrituras, recuerdo que pensé ¿por qué Dios utiliza hombres tan jóvenes que no parecen saber mucho acerca de la Biblia para hablar con las personas?. Fue entonces, que vinieron a mi mente recuerdos del Rey Salomón, y lo joven pero sabio que fue. Decidí seguir el consejo de Élder Woods y Élder Williams de leer el Libro de Mormón y preguntarle a Dios si es verdad. Cuando llegué a Moroni 10:3-7, que explica en cuanto al poder del Espíritu Santo, me quedé anonadado. Él es el que da testimonio de la verdad de todas las cosas. Muchas Escrituras más me vinieron a la mente a raudales. Estaba en completo asombro de cómo me sentía después de leer el Libro de Mormón todos los días, y no podía explicarlo ni negarlo. Un día, durante una lección interrumpí a los élderes para decirles que creía en lo que había estado leyendo. Además añadí que sentía que no podía contenerlo, era como que mi corazón estaba a punto de explotar. Ambos estaban allí sentados con una mirada de asombro, y me pidieron que leyera Alma 32:27-28. La semilla de la verdad estaba siendo plantada en mi corazón, mis facultades fueron realmente incitadas, una sensación de hinchazón comenzó a llenar mi pecho, había empezado a sentir que esto era una semilla buena, y ¡sí! era deliciosa para mí… ¡esto tiene que venir de DIOS! Un momento interesante fue cuando me preguntaron si quería bautizarme, me parecía una locura, pero dije que sí. Esto significaba dejar todo lo que había conocido en mi vida, la religión que siempre había sentido que era la verdad, y perder la mayor parte de mi familia y amigos a causa de esta decisión. ¡Como se pueden imaginar, mi esposa se quedó atónita! Todo iba bien hasta que llegó el momento de decirles a mis amigos y a mi familia sobre mi decisión de ser bautizado en otra iglesia. En pocas palabras toda mi familia, con la excepción de una hermana, así como la mayoría de mis amigos decidieron alejarse de mí. Aún con todo esto, todavía sentía que esto era lo que el Señor me había llamado a hacer. Con esa gran pérdida, estaba devastado y no podía elegir una fecha para ser bautizado, así que los élderes decidieron por mí. Con gran sorpresa, escogieron el 22 de abril de 2006. Esta fecha tiene un significado especial para mí, el número 22 es mi número favorito. Ha sido el número que he llevado en todos los deportes que he jugado. Es el día que le pedí a mi esposa que se casara conmigo. También sucede que es uno de mis capítulos favoritos en el Libro de Mormón, 2 Nefi 22:2 “He aquí, Dios es mi salvación; confiaré y no temeré, porque el Señor Jehová es mi fortaleza y mi canción; y también ha llegado a ser salvación para mí”. Fui bautizado el 22 de abril de 2006. Mis dos hijas, quienes tenían 8 y 14 años en ese momento, comenzaron a tomar las lecciones y ambas fueron bautizadas en noviembre de 2006. Tuve la maravillosa oportunidad de bautizar a las dos, así como de confirmarlas miembros de la Iglesia. Dos años más tarde, mi madre, quien originalmente no había aceptado mi decisión de unirme a la Iglesia ni el matrimonio con mi esposa, ahora es miembro de la Iglesia. Tuve el privilegio de bautizarla y confirmarla a ella también. Una de mis canciones favoritas de la Iglesia se llama “Asombro me da” lo que el Señor ha hecho por todos nosotros. Así es exactamente como me siento cada día en este Evangelio, ¡ASOMBRADO!

Historias personales

Comparta sus sentimientos o testimonio sobre la restauración del Evangelio.

Sé que fui guiado hacia esta Iglesia no por el brazo de la carne sino por el Espíritu Santo. Sé que mi Padre en los cielos me ha llamado a la obra. Me doy cuenta que todos mis desafíos hasta la fecha me han conducido hasta donde estoy hoy y todavía tengo un largo camino por recorrer. Tengo un testimonio más fuerte del Padre y del Hijo, más de lo que nunca antes había tenido en toda mi vida. Yo sé y puedo dar testimonio del poder del Libro de Mormón, que es la palabra de Dios, junto con las Sagradas Escrituras. Los dos juntos proporcionan los medios para estar más cerca de nuestro Padre Celestial, en realidad Él está esperando que nos acerquemos. Testifico que al leer el Libro de Mormón las ventanas de los cielos se abrirán a todo aquel que verdaderamente esté buscando cosas ocultas a los ojos espirituales. Testifico que por medio del profeta José Smith, el Señor ha restaurado el Evangelio que fue quitado de la tierra hace mucho tiempo. Puedo decir con toda confianza que el Señor me ha dado una verdadera compañera que está por encima de todas y cada una de mis expectativas de lo que una esposa debe ser. Testifico que los templos que se encuentran en muchos países son las casas de Dios sobre la tierra y que allí se encuentran tesoros, no de la tierra, sino de símbolos de espíritu y verdad. Testifico en el poder para sellar a las familias por el tiempo y por la eternidad. Doy testimonio de que la familia ha sido y siempre será la parte central del plan del Creador de toda Su creación para la salvación de toda la humanidad. Testifico de que por medio del poder del sacerdocio todas las cosas son y serán, tanto en el cielo como en la tierra. Doy testimonio de un profeta viviente en la tierra hoy: Thomas S. Monson, profeta, vidente y revelador para todo el mundo. Tengo un solemne y profundo testimonio de las maravillas de estos últimos días y de los milagros que nos rodean cada día, desde el aire que respiramos, hasta los primeros pasos que tomamos al levantarnos de nuestras camas cada salida del sol. Es mi oración que todos dejemos la inclinación natural de nuestro corazón y vengamos a Cristo, quien renovará todas las cosas, así lo testifico. EN EL SAGRADO NOMBRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO… AMÉN

La manera en que vivo mi fe

Vivo mi fe, con verdadera intención de hacer y ser el mejor esposo, padre, hijo, hermano, amigo y siervo del Señor que pueda ser. Amo tanto este Evangelio. El saber que el Libro de Mormón es verdadero es un poco como perder las llaves en casa y buscarlas frenéticamente. Las buscas, buscas y buscas, por arriba y por abajo, pero es en vano. Entonces, de repente te sientes en un estado de calma y ¡cataplum! “Ahí están” a plena vista. Dado a que estabas en un estado mental diferente no podías ver lo que todo el tiempo estuvo justo enfrente de tus ojos. Ahora vivo con la fe de que todo saldrá bien, y vivo cada día sin depender de mi propia comprensión de las cosas, sino más bien según la perspectiva de Dios en todos los asuntos. Tomo nota de Sus maneras, y verdaderamente le permito que dirija mi camino. (Proverbios 3:5) Intento reconocer Su divina mano en cada aspecto de mi vida.