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Hola soy Dean

  • Dean Johnson
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Acerca de mí

Desde niño soñaba con volar aviones, yo literalmente me iba a dormir soñando en ello. Fui muy afortunado al haber obtenido una beca de la Fuerza Aérea Real (RAF), pero la rechacé para poder servir una misión de dos años para mi Iglesia. Después de la misión me casé y sentí que la carrera de piloto civil era más adecuada para la vida matrimonial. Así que comencé como parte de la tripulación de una aerolínea local, con la esperanza de que algún día tuviera la oportunidad de entrenarme como piloto. Finalmente mi sueño se hizo realidad y pude entrenarme como piloto comercial. Desafortunadamente me despidieron en el 2009, justo antes de saber que iba a nacer nuestro quinto hijo ¡hablando de aguar la fiesta! Los siguientes 3 años fueron muy difíciles. No había trabajo disponible para mí como piloto, así que hacía cualquier trabajo que encontraba, limpiando geriátricos, como ayudante de maestros, en los comercios y demás. También estuve algunos meses sin trabajo, lo cual era muy difícil de sobrellevar. Sin embargo, el nacimiento de nuestro hijo me recordaba que la vida seguía siendo hermosa. Durante este tiempo, solicité una vacante y me aceptaron como civil en una unidad militar en Afganistán - ¡No para volar claro! Fueron tiempos difíciles, pero como familia nos unimos más. Poco después de regresar a casa, una vez más, gracias a Dios, tuve la oportunidad de conseguir trabajo como piloto. En mi tiempo libre, también trabajo como policía auxiliar, como entrenador del condado para los cadetes del ejército y recientemente me certifiqué como Socorrista. Tengo una buena vida y creo que debo retribuir tanto como pueda a mi comunidad.

Por qué soy mormón(a)

Crecí como un mormón - mis padres fueron conversos y se conocieron en la Iglesia. Mi padre también sirvió como misionero, allá por 1960. Cuando has crecido dentro de una religión, a menudo haces las cosas mecánicamente y sin dudar, ya que se vuelve un estilo de vida. En realidad no te preguntas si es correcto o no. Sin embargo, cuando iba a cumplir 18 años, tuve que tomar la decisión entre servir una misión o aceptar la oferta de una beca de la Fuerza Aérea Real. Yo quería hacer ambas cosas, pero tuve que decidir por una de las dos debido plazo que tenía. Como siempre había soñado con volar, sentí que si iba a renunciar a la beca, yo tenía que estar seguro de por qué lo estaba haciendo y por lo tanto, ¿realmente creía en la forma en que había sido criado? Literalmente, permanecí despierto toda la noche en la silla de la sala debatiendo los pros y los contras de mis decisiones y de mi religión. Oré mucho para saber por mí mismo cuál era la verdad. No puedo decir que los cielos se abrieron y se me aparecieron ángeles, pero sin embargo, cuando amaneció, no tenía ninguna duda en mi mente de que la religión en la cual había sido educado era la correcta. A partir de ese momento, decidí comprometerme totalmente a ella, no porque era un hábito, sino porque creía que era verdad. Nunca me he arrepentido de haber renunciado a la beca ni siquiera por un segundo y la experiencia que adquirí en la misión me moldeó para el resto de mi vida. Ser mormón significa más que solamente ir a la Iglesia el domingo. Es una forma de vida y es la luz que nos guía por el camino que trato de vivir y para criar a mi familia. No he dicho que sea fácil, pues soy un ser humano y cometo errores. Sin embargo, una de las grandes bendiciones es que yo sé que puedo sobrellevar esos errores y ser una mejor persona por medio de mi fe. Saber de dónde vengo, por qué estoy aquí y hacia dónde voy me da gran consuelo, pero es mejor aún estar consciente de que si vivo mi vida con lo mejor de mis facultades, puedo estar con mi familia para siempre. No puedo pensar en ninguna bendición más grande que ésa.

La manera en que vivo mi fe

La vida en la Iglesia nos mantiene muy ocupados a mi familia y a mí, pero no la cambiaríamos por nada. Sirvo como consejero del actual obispo y antes serví como obispo por 5 años. Mi esposa es la presidenta de una organización de mujeres, la Sociedad de Socorro. Ella tiene dos consejeras que la ayudan, aunque la carga de trabajo es muy pesada, especialmente con seis hijos que cuidar. Mi responsabilidad incluye ayudar al obispo en su función de líder de nuestra congregación. Eso implica, asistir a reuniones, hacer entrevistas, planificar los servicios dominicales, hacer llamadas desde la casa o cualquier otra forma en la que pueda ayudarlo.