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Hola soy Al

  • Al & Lisa Burns
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Acerca de mí

Crecí en el norte de Utah, en una familia de ocho miembros. A los 12 años sobreviví una lucha contra el cáncer que cambió mi vida. Posteriormente serví una misión para la Iglesia SUD en París, Francia, durante dos años. A mi regreso me casé con la mujer de mis sueños, Lisa, que todavía hoy sigue siendo el amor de mi vida. Ella soportó durante muchos años mi trabajo de pirotécnico y mis estudios; para ser exactos, 10 años. A lo largo del camino tuvimos cuatro hijos y adoptamos dos más, vivimos en muchos lugares de esta gran nación y vivimos toda una aventura. Actualmente vivimos en un pueblecito de Texas, donde soy el dentista pediatra local y mi esposa es propietaria de una academia de baile, además de ser el cerebro que gestiona mi consulta. Estamos en proceso de adoptar a nuestro séptimo hijo e intentamos averiguar cómo podemos conseguir que nuestra vida se vuelva todavía más loca. Me encanta el equipo de fútbol de Nebraska, pescar, los fuegos artificiales y pasar tiempo con mi familia y mi esposa. No soy perfecto, pero hago todo lo que puedo. El Señor nos ha bendecido enormemente.

Por qué soy mormón(a)

Soy mormón ante todo porque estoy profundamente convencido de que Jesucristo es mi Salvador. Por medio de Su ejemplo y sacrificio puedo mejorar mi vida y la vida de los demás, y llenar mi vida de felicidad incluso durante los pesares más grandes. Por medio de las promesas vinculantes y las enseñanzas que se encuentran en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días me acerco a Dios y a Sus vías, e incorporo a mi vida las promesas de la máxima felicidad. Soy mormón también porque estoy profundamente convencido de que el Libro de Mormón es la palabra de Dios. He leído muchas veces este libro y sé que contiene el evangelio de Jesucristo. Sé también que quienes leen este libro pueden pedir con fe a Dios que les dé la misma respuesta que a mí, que el libro es verdadero. También siento una convicción muy profunda con respecto a José Smith, que ayudó a restaurar la verdadera iglesia de Cristo y ayudó a Dios a proporcionarnos el Libro de Mormón. He experimentado sentimientos procedentes de Dios que han confirmado esto sin ningún tipo de duda. Sé que Dios no nos ha dejado solos para que recorramos la vida por nuestra cuenta. Creo que Dios envía profetas para guiar a Su pueblo. Lo hizo en la antigüedad y sigue haciéndolo hoy en día. Sé que Dios ha llamado a un hombre para que sirva como Su profeta en nuestra época. Desde José Smith hasta nuestro Profeta actual, Thomas Monson, no tengo ninguna duda de que Dios guía a Su iglesia por medio de un profeta y apóstoles. Tengo un testimonio profundo y duradero de esta verdad. Por último, soy mormón por la vida que la Iglesia me enseña a vivir y las promesas de una vida para siempre con mi familia, no sólo durante esta vida, promesas que se reciben al vivir los mandamientos de Dios. Estas promesas sólo se cumplirán en la Iglesia. El poder de unir a las familias para siempre se encuentra aquí y es algo que aporta una gran felicidad a mi vida. Soy mormón después de toda una vida de experiencias que, de forma innegable, me han indicado que estoy en el lugar correcto. Dios me ha dicho que me tiene reservadas grandes cosas si vivo de la manera que Él desea.

La manera en que vivo mi fe

Vivo mi fe de muchas formas. Éstas son algunas de ellas: Cristo amó a los niños y nos recomendó que nos parezcamos más a ellos. Por este motivo me he rodeado en mi vida, en mi trabajo y en mi vida personal, de niños. Los niños son muy buenos ejemplos para mí y me siento muy bendecido por poder dedicar mis días a ver el mundo a través de sus ojos. Tanto en el trabajo, donde puedo llegar a ver a casi cien niños al día, como en casa, con mis siete hijos, mi vida es un lugar mucho más feliz por estar rodeado de niños. Entiendo por qué a Cristo le encantaba estar rodeado de niños. El dedicar mi vida a ayudar a los niños ha dado verdadero sentido a mi vida. Soy dentista pediatra. No sé mucho de contabilidad, pero Dios ha dicho que Él puede hacer que las cosas débiles sean fuertes. En mi congregación local sirvo como secretario y contador. Él me ayuda y me enseña a aprender cosas nuevas. Todo el servicio de nuestra Iglesia se presta sin remuneración, y el hecho de poder dedicar mi tiempo a Dios, y que Él me observe, constituye una verdadera bendición. También vivo mi fe al permitir que lo que mi religión me enseña forme parte de mi vida cotidiana. Me enseña a ser una persona trabajadora. Me enseña a ser honrado. Me enseña que todos los hijos de Dios son iguales y deberían ser tratados de la misma forma. Me enseña a aprender continuamente. Me enseña a intentar cambiar la vida de las personas. Me enseña a compartir lo que Dios me ha dado. Me enseña que hay que esforzarse por llevar una buena vida si se quiere ser feliz. Vivo mi vida intentando lograr lo mismo que todos intentamos conseguir: la felicidad. Algunas personas eligen métodos populares de satisfacción a corto plazo u optan por un camino fácil porque promete emociones o recompensas. Otras personas eligen el camino que les parece más lógico o aceptado. Sin embargo, yo vivo mi fe intentando elegir el camino que Dios desea y sabiendo que Él quiere que sea feliz de verdad. Por ese motivo sonrío mucho cada día, porque conozco el plan de Dios para mí.